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INTERSECCIONES EN UNA LARGA TRAVESÍA

Lic. Cecilia de Rosas  S.P.M.
Resumen: Me propongo pensar la clínica actual y las dificultades que se nos plantean hoy a los analistas para la comprensión de ciertos fenómenos desde las teorías conocidas. Realizaré un breve recorrido por el Mito de Edipo desde la perspectiva de Bion, y tomando como modelo la actitud de Edipo ante el conocimiento de su propia identidad, intentaré pensar las vicisitudes que enfrentan hoy de los adolescentes frente a la sexualidad. La sexualidad, siempre  traumática, impone varios conflictos a resolver. Presentaré tres breves viñetas clínicas para ejemplificar los planteos expuestos en el trabajo.

Palabras claves: Edipo- Femineidad-Bisexualidad

En siguiente trabajo intentaré reflexionar sobre varias preguntas, que me surgen diariamente a partir de la clínica hoy. Me parece muy llamativo la frecuencia con que últimamente mis pacientes hablan con tanta naturalidad de las relaciones o acercamientos sexuales con personas del mismo sexo, lo que llamaría una actuación de la bisexualidad. Hasta hace diez años aproximadamente la bisexualidad aparecía reprimida y debía interpretarla; luego era un planteo que los pacientes traían a sesión conscientemente. Hoy con bastante frecuencia aparece como  un hecho consumado.

            El mito de Edipo, tal como lo plantea Bion, me ayudó a hacerme algunos cuestionamientos y acercarme tanto a mis pacientes, como a las dificultades que se nos plantean a los analistas hoy con nuestras teorías, las que funcionan como padres internos que guían nuestro quehacer. Bion considera al mito de Edipo como un componente importante de la mente humana, y se centra en la actitud ante el conocimiento, más que en el contenido sexual, en el que hizo incapié Freud.

Considera los distintos componentes de la historia: pronunciamiento del Oráculo de Delfos, la advertencia de Tiresias, el enigma de la Esfinge, la arrogancia de Edipo en su indagación, y una serie de desastres posteriores, peste, suicidios, enceguecimientos, como elementos de un sistema deductivo científico, que como en un sistema algebraico, deben ser considerados unos en relación a los otros.  El acento está puesto en la función, en la relación entre todos estos personajes y la forma en que se relacionan en la mente.

El autor nos dice en su libro Elementos (pág.71): “El enigma tradicionalmente atribuido a la Esfinge es una expresión de la curiosidad del hombre dirigida hacia sí mismo. La conciencia de sí mismo o la curiosidad en la personalidad acerca de la Personalidad, es un rasgo esencial de la historia”. Lo ubica junto al mito de la torre de Babel  y el jardín del Edén, donde la curiosidad se la considera un pecado.

Tomaré la actitud de Edipo ante el conocimiento de su propia identidad como modelo para pensar la construcción de la misma y básicamente la identidad sexual. Edipo de quien todos conocemos su historia, está curioso de su destino y consulta al Oráculo que le dice que matará a su padre y desposará a su madre. Ante el temor de lo que escucha decide tomar distancia y en una encrucijada mata a Layo porque éste no le cede el paso. Al llegar a Tebas encuentra a la Esfinge quien le plantea un acertijo, el cual él resuelve sin dificultad. Otro punto importante de la historia es Edipo en Colona, cuando busca saber su identidad a toda costa, busca contenidos y se opone a la idea de prudencia que le sugiere Creonte. Edipo interpreta erróneamente los hechos llegando así a la ceguera.

Edipo si bien es una persona curiosa e inteligente, va en búsqueda de hechos concretos sin poder detenerse a pensar, predomina la acción, no tolera la duda. Las preguntas que pueden surgir en su mente, si les diera cabida, si ampliase su continente mental, podrían haber encontrado respuesta y así frenado su tendencia a la acción. En contacto con su mundo interno podría  haber comprendido más, que con su búsqueda arrogante de la verdad. El conocimiento adquirido con su modalidad lo lleva a un destino de sufrimiento y ceguera.

Tiresias si bien es vidente es ciego también, es quien según algunas versiones del mito había experimentado las dos sexualidades. Viendo en una oportunidad dos serpientes en coito, mata a la hembra y se convierte en mujer y en otra oportunidad ante la misma escena mata al macho volviendo a ser hombre. Sabía de los goces de la sexualidad por los hechos, no por haber accedido al mismo a través de la imaginación.

Cuando no se encuentra un continente adecuado para los cuestionamientos y pensamientos se cae en una mayor confusión, pienso que algo de esto, es lo que sucede en los niños y adolescentes de hoy, y a veces redoblan la apuesta con sus acciones buscando un continente.

La curiosidad promueve el avance de la ciencia y junto con ello, se expanden los conflictos a pensar. Fueron los avances en las ciencias médicas los  que permitieron una sexualidad más libre con el descubrimiento de los anticonceptivos y medicación para las enfermedades venéreas; también se han  ampliado los márgenes posibles para la concepción; hoy tratamientos de fertilización asistida permiten no sólo tener hijos a quienes no podrían tenerlos por limitaciones físicas, sino también pueden lograrse embarazos  en edades avanzadas.  

Un adolescente es buscador, cuestionador, quiere ir más allá de los límites, y se encuentra muchas veces sin un continente para sus cuestionamientos, algunos siguen indagando; en otros la angustia se convierte en una agresión que los desborda, agrediéndose a ellos mismos y a su entorno; muchas otras se aletargan.

Ante todos los cambios, que se nos hacen cada vez más evidentes, tenemos hoy la tarea de explorar nuevos territorios mentales, instaurar pensabilidad, en una serie de transformaciones que nos inundan, y no hemos generado un continente para poder procesar  la vertiginosidad  de los hechos con que nos encontramos en nuestra clínica.

            A nivel social las mujeres hemos querido avanzar en terrenos ocupados en otros tiempos  sólo por hombres, como muestra de nuestra capacidad, intentando borrar las diferencias, pero hoy este borramiento se encuentra en algo tan concreto como las diferencias anatómicas. ¿Qué es lo que se busca cuando lo que intentamos borrar es la diferencia sexual? ¿Cuál sería el límite entre una curiosidad que lleva al desarrollo y cuándo nos mueve la arrogancia y se convierte  en un querer ir más allá que provoca daño y ceguera mental?

            ¿El borramiento de las diferencias sexuales, no es a veces expresión de una confusión, frente a la imposibilidad de integrar a nivel mental la bisexualidad?

¿No se convierte en arrogancia, cuando se la lleva a límites, donde es una ambición de expansión pero sin significado a nivel mental, movidos por la omnipotencia y la imposibilidad de elaborar duelos?

 La sexualidad humana siempre es traumática porque implica un reconocimiento de otro. Nos ubica ante la conflictiva de resolver el narcisismo y tolerar la incompletud. ¿Serán estos los enigmas difíciles de resolver en nuestro tiempo?

Observamos cada vez con mayor frecuencia en la clínica el anhelo de ir más allá de las diferencias sexuales y de género; esto desafía en cierto sentido nuestras teorías. Ya no podemos sentirnos del todo cómodos o seguros  con nuestros pensamientos, y me pregunto si debemos dejar la comodidad de las teorías como las hemos pensado, o si  siguen siéndonos útiles, pero debemos articularlas de manera diferente.  ¿Y a veces no nos resistimos a pensar lo nuevo por temor al destierro de nuestra área de comodidad?

¿No es que nuestras teorías nos dicen que es a partir de las diferencias que podemos enriquecernos? ¿Pero hasta donde podemos expandir el continente sin que se desgarre? Corremos un riesgo  al tolerar todo. ¿Borraríamos las diferencias de edad y entonces toleraríamos la pedofilia? ¿Hasta dónde nos permitimos avanzar?

El prefijo trans, que significa un atravesamiento de barreras, que tanto nos preocupa hoy, ¿no nos pone también a los analistas en una postura donde debemos trans-formar nuestra escucha y modificar nuestros pensamientos, cosa que nos resulta tan dolorosa como las transformaciones corporales de aquellos que quieren cambiar su fisonomía? ¿Son nuestras teorías obsoletas o son una buena brújula que nos orienta y aún hoy nos ayudan a comprender la clínica si las usamos como herramientas de observación más que como dogmas?

¿Si recurrimos a conceptos como el duelo por la bisexualidad infantil, la fantasía inconsciente, perversión no nos sentimos inseguros y temerosos de ser desterrados por los paradigmas de este nuevo mundo?

            ¿A qué se debe la gran cantidad de pacientes que hoy vienen con cuestionamientos sobre su identidad sexual? ¿Es la forma en que se manifiestan hoy los conflictos que antes venían con otros ropajes? Por lo menos en mi experiencia las anorexias que veía unos años atrás, hoy no aparecen. Pacientes que tenían sintomatología muy ruidosa para nuestros oídos, pero que no eran escuchados por sus padres, hoy logran movilizarlos, cuando le plantean que quieren modificar su identidad sexual o elegir parejas del mismo sexo. Padres que dicen ser abiertos, pero hijos que diferencian lo auténtico de lo trasvertido en la mente de sus padres.

Reconocer la diversidad es una cuestión ética, implica traspasar el narcisismo. ¿Nuestro desafío es lograr traspasar la lógica binaria femenino/masculino; fálico/castrado; o es una forma de desplazar un pensamiento humano, que escapa por cualquier escondrijo de los dolores de otros conflictos como Totalidad/ Incompletud; Narcisismo/Socialismo? ¿Podemos traspasar las tendencias narcisistas y no caer en fanatismos?

Tal vez el primer límite al narcisismo es tolerar lo posible/imposible. La tecnología ayuda a ampliar el campo de lo posible.  ¿Es eso  suficiente para que sea posible pensarlo? Pienso que los hechos van muy por delante de la pensabilidad de los mismos, y es un desafío sostener el pensamiento científico.

La distinción que hace Meltzer entre  aspectos polimorfos y perversos, a mi entender es una excelente herramienta de observación. La especificidad de la perversión está en convertir lo bueno en malo, aunque conservando la apariencia de bueno. La perversidad está dada por el contenido agresivo y destructivo. Nos orienta en la clínica observar  la motivación inconsciente como núcleo, la primacía de la realidad psíquica, para definir o no la patología.  Las tendencias polimorfas incluyen la actitud competitiva, los celos edípicos, la confusión de las zonas erógenas, la tendencia masturbatoria y tienen como motivación subyacente evitar la exclusión, superando la tensión que desencadenan los deseos insatisfechos. En cambio en las tendencias perversas encontramos como características esenciales los sentimientos envidiosos, los celos posesivos y delirantes, el sadomasoquismo, el ataque destructivo contra la pareja parental y sus frutos y el triunfo maníaco sobre las angustias persecutorias y sobre todo depresivas.(Meltzer, 1973)

Fueron estos  grandes aportes que permitieron distinguir que la homosexualidad no es sinónimo de perversión; diferenciar el impulso voyeurístico de la pornografía, de la importancia de lo visual como núcleo de la fantasía inconsciente; reconocer la importancia de la realidad psíquica subyacente a la experiencia del embarazo; la necesidad de un predominio de identificaciones introyectivas para una buena experiencia de maternidad.

            Quisiera a partir de 3 viñetas clínicas poder acercarme a estos conflictos planteados….

¿Soy lesbiana? Una pregunta normal para un adolescente, pero que el contexto hoy los empuja a probar. ¿No son éstas actuaciones que llevan a la personalidad a límites que le generan daño? Hoy el argumento es que si no prueban no saben a ciencia cierta su verdadera inclinación sexual, ¿Sería una avance arrogante?

Sabemos que el desarrollo de una persona  depende mucho de la actitud hacia el dolor mental y que las partes “buenas” de la estructura infantil, que en esta etapa se vuelven muy vulnerables, se apoya en la confianza en los buenos objetos para su integración.

            Como vemos el logro de la identidad y de la identidad sexual, como parte de la misma,  es un camino largo y sinuoso, con varias encrucijadas, en las que se ponen a prueba los objetos internos y en gran parte, los aspectos del self que toman el comando, dependen de la capacidad de tolerancia al dolor.

BIBLIOGRAFÍA:

Bion, Wilfred (1963): Elemento de Psicoanálisis, Ed. Lumen-Hormé.

Glocer Fiorini, Leticia (2010): Sexualidades nómades y transgénero: un desafío a la polaridad masculino/femenino, Revista Lugar, Ed. APA.

Goldschmidt, Judith (2010): La sexualidad: distintas miradas psicoanalíticas, Revista Lugar, Ed. APA.

Meltzer, Donald (1973): Estados sexuales de la mente, Ed. Spatia.

Meltzer,D. Harris, M (1998) Adolescentes, Ed. Spatia.

Sofía buscaba un continente para sus dolores, comenzó buscando respuestas médicas, hasta que un día dijo: Creía que la medicina iba a darme respuestas más certeras, hoy creo más en que las voy a ir encontrando acá, recostada en el diván.

Sofía, es una paciente de 19 años, inteligente, estudiante universitaria. Una característica de su personalidad es que prioriza la acción al pensamiento. Después cae en cuenta de sus acciones y queda sometida a sentimientos de culpa. Ella pone en escena sus imaginerías internas, sus celos edípicos, no puede pensarlos sin la concretud de los hechos.

Después de unas vacaciones de verano viene con la decisión ya tomada de operarse para colocarse prótesis mamarias ya que es muy chata y dice las mujeres de su familia se han operado. Luego de la operación se deprime, le cuesta aceptar su nueva imagen corporal  y aparece en su mente la pregunta si no será lesbiana.

El dolor postoperatorio  es demasiado intenso, aparece después de un par de meses dolor en un ovario. Comenzamos entonces a ver cuáles serían sus dolores en relación a la femineidad. Aparecen una serie de temores en relación a si logrará desarrollarse como su mamá, a quién ella ve como una mujer fuerte, que ha superado varias situaciones difíciles, que se ha desarrollado profesionalmente y que ha criado a sus hijos. También temores en relación a los hombres, a que escondan aspectos desconocidos peligrosos.

Sofía quería adquirir la femineidad en un acto quirúrgico, sin tolerar los dolores y angustias del crecimiento.  Quería desarrollar sus condiciones femeninas desde sus aspectos infantiles, llenando sus pechos chatos pensaba que sería suficiente para desarrollar los aspectos más adultos de su personalidad.

Camila, una jovencita de 17 años, muy linda y muy buscada por los varones. Hija menor de un segundo matrimonio de su padre. Tiene dos medio-hermanos del primer matrimonio de su padres y un hermano varón. Siempre se ha sentido excluida por ser la menor, y muy molesta porque la traten siempre como la tiernita. Sus padres separados desde hace 10 años han sostenido siempre una relación muy conflictiva y ella al ser la única menor de edad suele quedar entrampada en las discusiones. Sus objetos internos y externos son mucho más vulnerables, no le sirven de sostén. Dejan lagunas en su presencia. Por momentos intentan controlarla demasiado y de repente la dejan en situaciones de abandono emocional. A veces para defenderse de la angustia, quisiera ser la “bella durmiente”,  y despertar cuando todos los conflictos ya estén resueltos. Otras veces busca vengarse de sus padres y hermanos preocupándoles de diversas maneras.

 Una noche va al boliche y se siente atraída por la D.J, que es 12 años más grande que ella,  lesbiana, y se encuentra en lo alto, en una cabina de vidrio, la encara, de repente pasa a ser el amor de su vida. Aparece un aspecto desafiante de su personalidad que busca ir más allá de los límites en que se movía. Una paciente que se sentía un angelito bueno e indefenso comienza a moverse en un ambiente más turbio, comienza a hacer ostentación de su comportamiento sexual, el cuál llega rápidamente a sus padres, quienes se desesperan, se sienten atacados y culpables. Ella siente un triunfo maníaco sobre ellos. Como Edipo de Colona utiliza la omnipotencia y las defensas maníacas para derrotar su desvalimiento interno. Logra además que toda su familia se preocupe por ella y actúen para protegerla, pasa a ser el centro de la escena familiar.

Inés tiene  28 años, es  gemela, muy inteligente y culta, le encanta leer. Es profesional pero no está satisfecha con su trabajo actual. Se presenta como desganada, aburrida, nada le interesa, sólo dormir o fumar marihuana.

Se enamoró por primera vez  a los 15 años pero fue  su hermana quien se puso de novia con el chico que ella quería. La relación con su gemela siempre le  ha resultado difícil, evita la competencia intentando buscar cosas diferentes y abandonando a veces sus verdaderos intereses.  Desde chiquita pensaba que siendo varoncito el camino le resultaría más fácil, tendría un lugar especial.

Comienza a estudiar un instrumento musical y se siente realmente apasionada, pone mucha energía en ello, pero por circunstancias externas tiene que distanciarse de su profesor a quién realmente admiraba por sus cualidades musicales y el compromiso que tenía con su tarea. Comienza una búsqueda complicada. No encuentra ningún otro que sea lo suficientemente bueno y cuide la tarea como su primer profesor. Así comienza a distanciarse de lo que ella siente que quiere pero le resulta inaccesible o poco disponible.

Se ha enamorado varias veces, se ha sentido apasionada cuando siente cierta reciprocidad en la relación, pero cuando esos vínculos la frustran o se hacen inviables comienza una búsqueda sinuosa en la que suele quedar a veces perdida.

A partir de esa primera frustración amorosa ha tenido parejas hetero y homosexuales. Cuando se siente angustiada extraña a Paula, una ex pareja, 14 años mayor que ella y muy decidida, aspecto que ella quisiera tener para sí, ya que se siente muy desvalida.

¿Las parejas homosexuales, las busca para negar la exclusión? ¿Intenta volver a  esa unión vivida en la gemelitud? ¿Busca una madre para ella sola? ¿Es una vuelta al objeto materno por la frustración del padre y sus derivados?

 Inés es una paciente emocionalmente inestable que bajo una coraza depresiva esconde una gran rebeldía y enojo. Está entrampada en un vaivén buscando un lugar donde sentirse la elegida.

Si bien es la mayor de edad de las 3 pacientes, sus objetos internos todavía no logran consolidarse. Permanece en un estado mental puberal, con serias confusiones. Está desilusionada del mundo adulto y al atacar a sus objetos externos deja desvalidos a sus aspectos internos infantiles.

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Resonancia feminista: Pauline Oliveros

Resumen: “Resonancia feminista: Pauline Oliveros”

Autora: Lic. Valentina Spina 

La conferencia tiene por objetivo analizar desde la obra de la compositora, feminista y activista política Pauline Oliveros, cómo las formas de clasificación con las que construimos nuestro mundo construyen fronteras en las distintas áreas y prácticas desarrolladas por el ser humano, como es el caso de nuestra percepción sonora y  la normalización del binarismo de género. Lo “femenino” en el arte es un adjetivo que en términos clásicos y convencionales se ha referido a un tema compositivo centrado en  la contemplación de la imagen femenina. Durante la segunda mitad del siglo XX  lo “femenino” asumió una postura consciente, política, teórica y artística al ser parte de las luchas feministas asociadas al activismo sobre los derechos civiles y la distribución del trabajo. Se diferencia así una estética femenina y una estética feminista. Es el propósito de la conferencia abordar el caso de Pauline Oliveros, quien a través del desarrollo del concepto de Deep Listening, que propone establecer una relación con el entorno sonoro basado en una escucha atenta y desprejuiciada que convierte a la escucha en un acto creativo, y de proyectos como el Female Ensemble, un espacio de exploración creativa y personal dentro de un contexto de apoyo grupal solo integrado por mujeres, logra articular artística y políticamente la reflexión feminista en el arte. 

Key Words: Feminismo – Femenino – Deep Listening – Conciencia sonora – Pauline Oliveros –

“Resonancia feminista: Pauline Oliveros”

Me gustaría abordar la temática de “Lo femenino” propuesta por el V Simposio de Psicoanálisis de Mendoza desde una perspectiva cultural. Quisiera darles a conocer la obra de la compositora, acordeonista, experimentadora sonora y activista por los derechos de las mujeres: Pauline Oliveros, nacida en Canadá en 1932 fallecida en 2016. Elijo hablar de Pauline Oliveros, entre muchas otras mujeres que fueron pioneras en el ámbito de la música, porque  no se trata solamente de una mujer que desafió a un entorno fuertemente machista, o que tuvo que lidiar contra la hostilidad de la crítica masculina, por cierto y como es habitual, más exigente con ella que con el resto de sus colegas hombres. En la obra de Pauline no existe escisión entre lo artístico y lo político, ni entre lo estético y lo reflexivo. A diferencia de muchas mujeres que utilizaron un lenguaje artístico para denunciar opresión y sometimiento patriarcal o para representar la intimidad de la vida femenina, subordinando la potencia artística al discurso (el contenido a la forma) como son el caso de las pintoras Frida Kalo y Berthe Morisot respectivamente, Oliveros no utilizó la música como un medio de expresión para comunicar lo ya pensado, lo decidido, lo criticado o lo juzgado, por el contrario, toda su reflexión sobre categorías de género, pautas culturales e imposiciones sociales la realizó desde el sonido, y el resultado fue revolucionario.

Lo “femenino” en el arte es un adjetivo que en términos clásicos y convencionales se ha referido a un tema compositivo, como las temáticas de desnudo y de toilette en la pintura, aquellas que representan a las mujeres en su intimidad. En la música el adjetivo “femenino” se utilizó sobre todo durante los siglos XVIII y XIX para expresar sonoridades blandas, románticas y líricas, un término tan impreciso y subjetivo como frecuente. Por el contrario, durante la segunda mitad del siglo XX  lo “femenino” asumió una postura consciente, política, teórica y artística dada las luchas feministas asociadas al activismo sobre los derechos civiles y la distribución del trabajo. Comenzó así a diferenciarse entre una estética femenina y una estética feminista. Precisamente la obra de Oliveros no condice con ninguna de estas estéticas, no se trata de un arte estéticamente femenino porque no se refiere a valores o características culturalmente asociables a lo femenino ni tampoco a una estética feminista porque no utiliza el lenguaje sonoro en pos de transmitir una posición feminista. La obra de Oliveros no comienza por la estética ni se define por ella, sino que es resultado de un proceso interno y genuino basado tanto en la deconstrucción de los aspectos sonoros como en la introspección de quienes practican su enfoque.

    El concepto Deep Listening (Escucha profunda), fue desarrollado por Pauline y consiste en hacer de la escucha diaria y cotidiana de todos los individuos (tanto músicos como no músicos) un arte. El sentido de la escucha es uno de los menos valorados en nuestra cultura, siendo predominante la visión por sobre todos; creemos y concentramos nuestra atención en lo que vemos, pero no confiamos en lo que oímos y tampoco tomamos conciencia del recorte selectivo que hacemos de nuestro entorno sonoro. ¿En qué medida escuchamos al otro?, ¿Cuál es la escucha selectiva que realizamos sobre nuestras voces interiores? ¿Cuáles son los sonidos que nos invaden y que no detectamos? La música ha sido, y en parte continúa siéndolo, el lenguaje artístico que ha demandado la concentración de nuestra escucha y que ha descartado el resto del espectro sonoro a lo largo de un proceso que abarca toda la Modernidad.

    Históricamente, la “música”, tal y como la conocemos, más allá de géneros, estilos, épocas y estéticas, música medieval, barroca, clásica, romántica, jazz, rock, tango, folclore, todo aquello que ante nuestra escucha identificamos como “música”, se conformó a lo largo de los siglos separándose de todo aquello que nuestra escucha actualmente nos indicaría que no es música, es decir: todos aquellos sonidos, ruidos, golpes, estridencias, sonidos imperceptibles, humanos o naturales, que no identificamos como música. Por ello se dice que la historia de la música es la historia de la relación entre el ruido y el sonido, entre el caos y el orden. La música se basó en un orden y organización de los sonidos, su ideal fue por siglos la “limpieza” de los ruidos, reducir el grado de incertidumbre e indeterminación de los ruidos y lograr el sonido pensado y deseado, para lo cual fue imprescindible el acompañamiento de la  tecnología y la técnica. Como resultado de este proceso fuimos alejándonos cada vez más de las sonoridades naturales, espontáneas, surgidas como resultados de nuestras actividades, de nuestros trabajos, alejándonos de nuestros propios sonidos (incluso de escuchar nuestros propios pensamientos) y restringiendo nuestra capacidad de escuchar a la música. Pensemos por ejemplo en la afinación y el pulso como esfuerzos por ordenar la altura de los sonidos y por distribuirlos de manera ordenada a lo largo del  tiempo. La música divide y estructura el tiempo así como el segundero de un reloj subdivide y organiza perfecta y constantemente nuestras tareas, nuestros días y nuestra vida. Durante siglos la composición consistió en un plan ideal detallado gráficamente en una partitura a través de un sistema de notación compuesto por símbolos, indicaciones y sugerencias; básicamente un mapa, una guía para su correcta interpretación.

    Actualmente comprendemos que sonido y ruido no son verdaderamente opuestos y que se trata en realidad de un continuum que cada cultura administra de manera diferente. El sonido es una experiencia del mundo y en ella se juega el sentido de lo estable y lo inestable, del control y del descontrol, se traduce en intervalos, escalas, estructuras rítmicas, constelaciones armónicas, tecnología, técnicas y estéticas. Por ello la música, de la cultura que sea, siempre implica una negación. Es todo lo que la compone, pero también nos hablan de ella aquellos elementos excluidos de su sistema.

    Precisamente en el siglo XX, y de manera vertiginosa desde 1960, en Estados Unidos, se gestó una escena cultural cosmopolita, que incluyó a muchos artistas e intelectuales europeos que se vieron desplazados del continente tras la Primera y Segunda Guerra Mundial; fueron años en que se vivió el desarrollo de la música contemporánea académica, del jazz, el rock, la música electrónica y la industria discográfica. Fue en ese ambiente donde artistas como John Cage, Morton Feldman y Murray Schafer comenzaron a reflexionar sobre la música, el ruido, el sonido y el silencio, básicamente la reconsideración histórica del lenguaje musical occidental.

    En ese contexto Pauline Oliveros, siendo una de las pocas mujeres en dedicarse a la experimentación sonora, fue una de las principales activistas por los derechos de las mujeres. Un hecho emblemático y que causó repercusión en el ambiente musical norteamericano fue su publicación en 1970 de un artículo en The New York Times  titulado “And Don´t Call Them ‘Lady’ Composers” el cual intentaba dar respuesta a la pregunta de por qué no había habido históricamente “grandes” compositoras. Oliveros adjudicaba tal fenómeno a la educación desigual, la orientación vocacional y los roles sociales estereotipados, explicaba cómo el ámbito de la música resultaba hostil hacia las mujeres y cómo se les exigía excelencia para ser siquiera consideradas compositoras, con niveles muchos mayores de calidad que la exigida a los hombres.

    En 1969, Oliveros comenzó a estudiar Conciencia Cinética junto a la bailarina y trabajadora corporal Elaine Summers. El método de Summers focalizaba educar la sensibilidad de las personas hacia las señales que provenían del propio cuerpo, tanto de las formas consientes como inconsciente sobre sus propios movimientos, ofreciendo una perspectiva integradora sobre el movimiento humano y la danza. Una de las contribuciones más interesantes de Elaine Summers, fue mostrar cómo las inhibiciones sociales podían dejar restricciones físicas duraderas en el cuerpo y cómo la educación corporal también es adquirida culturalmente. Trabajaba no solo con bailarines, sino que guiaba a las personas a ampliar la conciencia a través de movimientos lentos y cotidianos como sentarse, pararse y caminar. La conciencia corporal se volvió para Pauline una herramienta de la conciencia sonora y la incluyó en las prácticas de improvisación colectivas que organizaba por aquellos años. En la misma época en que el movimiento de liberación de mujeres estaba en auge Oliveros formó el grupo de Meditación Sónica que posteriormente se llamaría “Female Ensemble” (ensamble femenino), el grupo estaba enteramente conformado por mujeres músicas y no músicas y pretendía explorar la sonoridad desde la improvisación así como también compartir experiencias personales. Se reunía semanalmente en la casa de Pauline, donde los encuentros incluían una mezcla de partituras de texto, charlas de actualidad, discusión y ejercicios de conciencia cinética. Con el tiempo el grupo dejó lo verbal para solo comunicarse sonoramente y Oliveros organizó los encuentros mediante consignas escritas como las siguientes:

1-         Enséñate a volar

Cualquier número de personas se sienta en un círculo mirando hacia el centro. Ilumina el espacio con luz azul suave. Comienza simplemente observando tu propia respiración. Siempre sé un observador. Gradualmente permite que tu respiración se vuelva audible. Entonces introduce tu voz, permite a tus cuerdas vocales vibrar en cualquier modo que ocurra naturalmente. Permite que la intensidad aumente muy despacio. Continúa el mayor tiempo posible de forma natural hasta que todos los demás estén tranquilos, siempre observando tu propio ciclo de aliento.

Variación: Traducir la voz a un instrumento.

    Esta es la primera de las “Sonic Meditations” publicadas en 1971, un corpus de meditaciones sonoras para realizar tanto en grupo como solitariamente y que continúan siendo exploradas por grupos de meditación. Resultado de estas prácticas Deep Listening es al día de hoy una práctica integral, ejercitada por personas de todos los sexos y religiones, músicos y  no músicos,  desarrolladas en retiros de meditación que procuran trabajar la escucha profunda y ampliar la conciencia sobre el propio cuerpo y sobre el entorno.

    Oliveros supo potenciar la reflexión y predisposición a la introspección feminista de los años 70 para prologar esas inquietudes en gestos y búsquedas sonoras. La deconstrucción de las estructuras sociales y de los roles asignados a las mujeres durante siglos fue en un sentido la misma deconstrucción que ejercitó Pauline sobre el sonido y sobre nuestra manera de escuchar. Siempre se trató de una tarea introspectiva, de autoconocimiento, descomponiendo el sonido y expandiendo la conciencia sobre el propio cuerpo, sobre la escucha, sobre el movimiento y sobre el lugar en el mundo en que uno se encuentra. No es sencillo y probablemente sea inútil intentar leer la obra de Oliveros centrándose en sus aspectos feministas o artísticos, y eso es parte de la grandeza de su obra, precisamente porque son inseparables; la meditación sonora y la deconstrucción de la escucha, fueron a la vez reflexión ontológica, camino artístico, decisión de compartir y difundir sus aprendizajes; para Oliveros fue inevitable acuerparse y tocar junto a otras mujeres, fue urgente formar un Ensamble de Mujeres para meditar a través del sonido, para desvestir el sonido de su carga histórica y cultural y para también encontrarse sí misma, escuchar sus energías, sus voces y sonidos interiores. Para hacer de la búsqueda y de la escucha un arte. Lo femenino en la obra de Pauline fue un punto de partida necesario para llegar más allá, el feminismo no fue una bandera que limitó su accionar y mucho menos sus deseos artísticos. Lo femenino en la vida y obra de Pauline fue inclusivo, abierto, lúcido y liberador.

Bibliografía:

ATTALI, Jacques. Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. Siglo XXI Editores, 1995. Madrid.

ILLES, Anthony, MATTIN, TOTH, Csaba. Ruido y capitalismo. Editorial Arteleku, 2011. Donostia, San Sebastián.

OLIVEROS, Pauline. Sonic Meditations. Smith Publications, 1974.

WISNIK, José Miguel. Sonido y sentido. Otra historia de la música. La Marca Editora, 2015. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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Feminicidios en el neoliberalismo patriarcal y la resistencia del movimiento de mujeres

V Simposio “Lo femenino”

“Feminicidios en el neoliberalismo patriarcal y la resistencia del movimiento de mujeres”

Lic. En Psicología Patricia Emilia Barichello.

Septiembre, 2018

Mendoza, Argentina

Resumen

La intención de este artículo es nutrirse de una mixtura de psicología política, conceptos filosóficos y lecturas con perspectiva de género. A partir del encuadre metodológico analizaremos las posibles motivaciones de los feminicidas que los traslada a una naturalización del consumo de las mujeres, el rol simbólico del movimiento de mujeres en la Argentina y el rol del Estado atravesado por una lectura de necropolítica (Mnembe, 2012 en Sayak y Sepúlveda, 2016) encarnada en la falta de aplicación de políticas públicas eficaces.

Estas reflexiones nos guiarán a realizar una posible lectura de las variables en torno a la categoría de femnicidio, visualizando en el movimiento de mujeres argentinas “Ni Una Menos” una posibilidad simbolizante de lo “siniestro” (Freud, 1919). Se posiciona así como fuerza instituyente que enfrenta a la “necropolítica” y sus lógicas de vinculación, en el marco del neoliberalismo patriarcal, mediante el armado de redes y el llamado a manifestarse en las calles.

Encontraremos la convivencia de dos paradigmas políticos ideológicos en fusión. Uno de ellos es el  neoliberalismo y el otro el patriarcado. Esta fusión posee efectos subjetivos que se manifiestan en el uso de los cuerpos feminizados a modo de objetos de consumo dispuestos por el mercado. Dentro de esta lógica intentaremos conocer cómo se complementan la repetición de relaciones jerárquicas de poder en las conductas de consumo.

Dialogaremos con las tensiones presentes entre los modelos instituidos hegemónicamente y los grupos subalternos instituyentes, portadores de los emergentes sociales, como formas de resistencia en intentos de identificación colectiva que superan la lógica de consumo objetivante mediante la lógica subjetiva. Reflexionaremos sobre la posibilidad del lazo colectivo como gatillo de una salud mental colectiva, trasformando lo siniestro en una posibilidad de simbolización y acción organizada.

Palabras claves: neoliberalismo patriarcal, femicidios, necropolítica, movimiento de mujeres,  psicología política, perspectiva de género.

Abstract

This article is intended to be nurtured by a mixture of political psychology, philosophical concepts and readings with a gender perspective. From the methodological setting we will analyze the possible motivations for perpetrating femicides, understood as a naturalization of women consumption; the symbolic role of the women´s movement in Argentina and the role of the State traversed by a necropolitic reading, embodied in the absence of effective public policies.

These reflections will guide us to a reading of the variables around the femicide category, visualizing a symbolic possibility of “the uncanny” in the Argentinian women´s movement “Ni Una Menos”.  It therefore positions as an instituting force facing necropolitics and its bonding logics in the context of patriarchal neoliberalism, through a network assembly and the call out into the streets.

We will encounter the coexistence of two ideological political paradigms in fusion. One of them is neoliberalism and the other patriarchy. This fusion has subjective effects manifested in the feminine corpse use as a consume objet disposed by the market.  Within this logic we´ll try to know how the repetition of power hierarchy relations and consumptions conducts are complemented.

There will be a dialogue with the tensions between the hegemonically instituted models and the instituting subalternal groups, conveyers of emerging social issues as a resistance in attempts of collective identification that overpasses the objectifying consumption logic by means of recovering of the subjective logic. The possibility of a collective bond to trigger mental health will be considered, transforming the uncanny into a symbolic possibility and an organized action.

Key words: patriarchal neoliberalism, femicides, necropolitics, women´s movement, politic psychology, gender perspective.

INTRODUCCIÓN

La temática que me interpela es la articulación entre feminicidios, neoliberalismo patriarcal y movimiento de mujeres. Estos tres temas merecen algunas reflexiones no solo teóricas sino también una lectura culturalmente situada. En ocasiones, la academia y el método científico intentan despojar la emocionalidad para generar un recorte de la realidad que se pueda convertir en un problema a ser investigado, en este caso el recorte quedaría de la siguiente manera: “Feminicidios en el neoliberalismo patriarcal y la resistencia del movimiento de mujeres”.

Ahora bien, entramos en la dilación de los conceptos y las diversas finas diferencias que harán que este trabajo sea interesante para la comunidad científica, quien la evalúa y en el mejor de los casos la haga circular, de otra manera, el archivo de Word quedará guardado hasta que la memoria Ram se llene, el pendrive se pierda o el tema ya no interese.

Vamos a definir el encuadre[1] de esta investigación. La primer pregunta que me realizo es: ¿Qué se necesita para construir un problema de investigación que linda entre las ciencias sociales y las ciencias humanas? Siendo psicóloga con posicionamiento crítico, orientación psicoanalítica, interés por los temas sociales y militante feminista encuentro que la psicología comunitaria y la psicología política son las ramas que permiten contener este interés personal. Por lo tanto el desafío es poder trabajar un tema y que el mismo tenga interés tanto para la disciplina psicológica como para las ciencias sociales.

Volviendo a nuestro recorte de la realidad encontramos tres grandes categorías 1) Feminicidios 2) Neoliberalismo patriarcal  3) Movimiento de mujeres. Comenzaremos problematizando el primero de ellos observando algunas hendiduras en torno al concepto.

Los feminicidios (Lagarde, 2006) constituyen la forma de Violencia de Género más extrema, donde el varón ejerce el poder patriarcal sobre la mujer para someterla. En la legislación argentina el principal factor para que un homicidio sea considerado femicidio es que el móvil sea la condición de género. Según datos de Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina en el año 2016 se registraron 254 femicidios en el territorio argentino[2], y 21 en la provincia de Mendoza. Estos datos permiten visibilizar la violencia, identificarla, denunciarla y convertirla en un problema para la democracia (Lagarde, 2006, p.5). Debido a los tratados internacionales como la Cedaw (Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres) celebrada en 1979 y la Convención de Belém Do Pará ( Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer) celebrada en 1994, ambas con rango constitucional, han generado el espacio político para discutir y aplicar políticas públicas en pos de resolver las problemáticas, posicionando al Estado no solo como parte del problema y sino también de la solución. Los feminicidios como consecuencia del modelo patriarcal y ante la falla de contención por parte del Estado nos plantean problemas epidemiológicos, jurídicos, sociales y de epistemología feminista, entre algunos.

La idea de neoliberalismo patriarcal parte de la consideración de que las subjetividades masculinas que ejercen control sobre la vida de las mujeres se encuentran insertas en un modelo económico que propicia el consumo de los cuerpos femeninos mediante la apropiación y disociación de toda subjetividad reduciéndolos (a los cuerpos) y reduciéndolas (a las mujeres) a la condición de objeto (de consumo). Se habilita un registro más de consumo. Estos cuerpos a-subjetivados u objetivados son utilizados como medios para satisfacer necesidades pulsionales inherentes a la configuración de la masculinidad que impone el patriarcado, sosteniendo y perpetuando las estructuras opresivas en relación a los estereotipos de género.

Encontramos, como consecuencia de los feminicidios, un efecto simbolizante en el movimiento “Ni una menos” y por lo tanto una expresión de salud mental compartida. Dicho colectivo actúa procesando aquello innombrable del dolor y la crueldad. Aparece como opción simbólica de aquello que ha sido despojado del código representacional y cada vez que sucede se enfrenta a lo siniestro, aquello cercano al orden de lo espantable, angustiante y espeluznante (Freud, 1919 en Freud, 1987). El armado de redes y la espontaneidad de manifestarse en las calles del movimiento de mujeres se posiciona como fuerza instituyente que enfrenta a la “necropolítica” (Mnembe, 2012 en Sayak y Sepúlveda, 2016) estatal responsable de dejar en los cajones de las oficinas (de las comisarias, de las secretarías de género, dirección de mujeres, etc.) los expedientes de aquellas próximas a ser víctimas una vez más de la violencia[3] convirtiéndose en crónicas de una muerte anunciada.

Desatando nudos

Algunas conceptualizaciones sobre feminicidios

Los feminicidios expresan la forma de violencia de género más extrema y constituyen un problema epidemiológico que se basa en la cantidad de crímenes que se comenten dentro de una población, la periodicidad en la que suceden, las metodologías instrumentadas, que se convertirán en una pedagogía de la crueldad (Segato, 2015). Encontramos en los feminicidios como factor más relevante la cualidad del género de las víctimas -mujeres cis[4] y mujeres trans, menores y adultas y el género del victimario- varón  cis, configurando la crueldad y dominio de un género sobre el otro a partir de bases de dominio sexual, psicológico, social , económico, político, jurídico y cultural apuntalados el sistema de desigualdad natural y supremacía del hombre (Lagarde ,2006)

Constituye un problema jurídico, En Argentina en el año 2012 se sancionó la Ley 26.791[5] que incorpora al Código Penal como figura agravante el delito de homicidio simple, el caso en que sea cometido por un hombre contra una mujer, mediando violencia de género, y cuando el homicidio se cometa con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación de pareja o exista un vínculo de consanguinidad ascendente y/o descendente, castigándolos con la máxima pena (Rico y Tuñez, 2013).

A su vez constituye un problema social ya que se da en un contexto de cultura androcéntrica (Anzorena, 2013) que genera impacto en las subjetividades individuales, específicamente en la relación asimétrica entre los géneros y los roles mucha veces estereotipados asignados cada uno de ellos. En lo psicológico y en términos de salud mental  las violencias en todas sus expresiones generan efectos negativos en la salud de las personas implicadas pero también en aquellas que reciben la información de esos sucesos de forma pasiva. Rita Segato (2013) desarrolla el efecto de la comunicación horizontal entre los pertenecientes a la fratría como una forma de habilitación de la violencia hacia las mujeres y la comunicación vertical dirigida a las posibles víctimas ejerciendo un poder simbólico. El papel de los medios de comunicación en el tratamiento de las noticias de violencias hacia las mujeres legitima y alimenta los mecanismos patriarcales de dominio y asimetría entre los géneros e impacta en la salud mental en tanto tiende a la naturalización de temáticas para nada naturales.

Y por último el tema de feminicidios nos plantea un problema de epistemología feminista. Marcela Lagarde (2015) acuña el termino feminicidios a partir de una traducción propia de un  texto de feministas anglosajonas, Diana Rosel y Jill Radford. La antropóloga plantea una reflexión en torno a la traducción de “femicide”(en idioma inglés ) femicidio considerando que el mismo solo se refiere al que mata y a la que muere mediando la forma de violencia misógina más extrema. Esta traducción del concepto iguala femicidio a homicidio de mujeres  por ello Lagarde considera que esta conceptualización permitió nombrar el fenómeno, pero omite la dimensión política del Estado y la tolerancia social a los crímenes de odio hacia las mujeres. Desagrega tres órdenes de culpabilidad en el término feminicidio a) la persona que quita la vida violentamente, b) la sociedad que lo incuba y c) el Estado que reproduce el orden patriarcal. En este mismo sentido Rita Segato (2011) nos habla de feminicidio (femicidio) para referirse a aquellos crímenes misóginos que se dan en contextos interpersonales, por móviles personales que se enmarcan en el derecho estatal, y aporta una nueva categoría que es la de femigenocio entendiendo como tal aquellos crímenes misóginos que se dan en contextos bélicos y/o armados por móviles impersonales y de forma sistemática convirtiéndolos en crímenes de lesa humanidad y genocidios quedando enmarcados en el fuero internacional. En la historia argentina encontramos que este concepto podría ser de útil aplicación para el periodo de la dictadura (1976-1983) de nuestro país.

Feminicidios desde una mirada filosófica

Apelando a un abordaje filosófico es posible recurrir a la conceptualización del poder soberano[6], la nuda vida y el binomio bios/zoé[7] (Agamben, 2006). Utilizaré estos conceptos como metáfora para entender y explicar la lógica de poder patriarcal en torno a los feminicidios. El varón patriarcal y femicida ejerce un poder soberano y un control directo sobre la vida de la mujer despojándola de toda dignidad. Desde este punto de vista la vida o la “bios” es en tanto socialización, lenguaje, acceso a la cultura y a la vida política, en cambio la “zoé” se refiere a una vida animal (Agamben, 2006) sometida al poder soberano y sus intenciones de someter a su voluntad al otro/a. En este caso concebimos al poder soberano como aquel ejercido por un varón patriarcal y también aplicable al rol del Estado. Nos posicionamos en una concepción de poder foucaultiana: “el poder es una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una -relación de poder-” (Deleuze, 1983). El poder es un ejercicio aplicado a las relaciones de fuerza que se manifiestan en los vínculos sociales, asimétricos en la mayoría de sus formas.

Nos enfrentamos a una dialéctica entre biopolítica[8], como regulación de la vida y necropolítica, como regulación de la muerte. La necropolítica se refiere al poder soberano aplicado en los regímenes de excepción o dictaduras en Latinoamérica y Sudamérica, las plantaciones de algodón en Norteamérica, el apartheid sudafricano inspirado en raíces históricas del colonialismo europeo (Mbembe, 2011). Si bien Mbembe relaciona la necropolítica con el racismo, explica “La condición de un esclavo resulta de una pérdida triple: la pérdida de un “hogar”, la pérdida de los derechos sobre el propio cuerpo y la pérdida del estatus político. Esto es idéntico a la dominación mental y la muerte social [(Mbembe, 2006, 39) en Rodríguez Martínes, 2017]. Esta acepción que ofrece la autora denota la noción de pérdida de derechos humanos, jurídicos y civiles que iguala a la vida a la “zoe”, es decir despojada por completo de sus condiciones necesarias para la vida culturada.

El uso de este concepto será mediante el traslado de su aplicación hacia las políticas públicas, específicamente las de prevención de violencia género. El siguiente interrogante se presenta como hipótesis ¿La falta de presupuesto y de acciones por parte del Estado son formas de necropolítica enfrascadas en políticas públicas? Encontramos una serie de políticas públicas y mecanismos institucionales para hacer frente a la violencia de género, sin embargo si hacemos pie en las estadísticas encontramos que casi la mitad de los feminicidios tienen antecedentes de denuncias policiales. Esta omisión de acción se puede leer como un desinterés que culmina con la pérdida real de vidas, por lo tanto el Estado que fue alertado con una denuncia de violencia de género abandona sus mecanismos de protección sometiendo la vida de las mujeres-zoe- al poder soberano del hombre patriarcal. En este doble destino hacia la muerte encontramos una función que articula al femicida y al Estado sobre el control y el consumo de los cuerpos feminizados. Según Sagot (2013) se constituye una necropolítca de género que impone la aceptación de las reglas masculinas y preserva el status quo de género.

El poder patriarcal opera mediante dispositivos como el miedo, la amenaza, la vergüenza, la coerción llegando a ejercer un poder sobre la vida que se convierte en poder sobre la muerte en los caso de feminicidios. El poder soberano, que ejerce el varón femicida mediante la subordinación psicológica física y moral, es en pos de validar su masculinidad con su fratría en la violencia expresiva[9] (Segato, 2013). Las vidas de las mujeres y de todos los cuerpos feminizados se convierten en nuda vida en tanto que cualquiera que ejerza un poder soberano patriarcal prefijado por funciones sociales predeterminadas en un imaginario social compartido, puede darle muerte (Agamben, 2006)

Entre los pares varones se da una comunicación horizontal, que gracias a su agresividad y poder de muerte los ubica en un lugar destacado de la pirámide jerárquica de la fratría, y la comunicación vertical es hacia la víctima, desde un lugar punitivo y de “paladín de la moral social”, encarnando el poder soberano (Segato, 2013). Esta comunicación es un dispositivo de bio poder que actúa reforzando el orden heteronormado y sanciona la salida de la norma con la muerte. El femicida gracias la dominación masculina y la negligencia estatal lleva a cabo su poder de muerte sobre la vida, lo que hace la norma es habilitar ese proceder. Podemos repensar esta comunicación y aplicarla de la misma manera al colectivo NUM, en la horizontalidad permite la identificación y la sororidad y en la verticalidad demuestra, por lo menos, resistencia.

Estamos frente a un complejo entramado de concepciones que giran en torno a los dispositivos de poder y las características que toman de la mano del Estado. La lectura piscopolítica del contexto que hemos venido realizando nos permite aproximarnos a las características de los contratos entre los varones y mujeres teñidos de concepciones estereotipadas para cada uno de los géneros, normalización de las asimetrías opresivas, justificación discursiva científica, mediática, jurídica, etc. Se entrecruzan variables que oscilan desde un “coctel pulsional”, pautas culturales y modalidades de consumo, mediante el cual, algunos varones, se sienten habilitados a demostrar su masculinidad a costa de la vida de las mujeres. Operan desde la trasgresión, el poder totalitario sobre la vida y la cualidad de lo siniestro (Freud, 1987), avanza sin freno sobre la bios, despojándola de todo contenido y reduciéndola a un momento de consumo exaltado que solo frenará en su mente con la muerte de aquella vida que ha convertido en objeto. El Estado en su no presencia y no sanción posterior se convierte en un estado, con minúscula, que permite la violación del derecho humano para las mujeres a una vida libre de violencia.

Movimiento de mujeres: una lectura desde el psicoanálisis y la salud mental colectiva.

Existen modelos naturalizados hacen siglos desde discursos académicos deben ser revalorizados a la luz de una lectura culturalmente situada. El psicoanálisis ha sido fuente de uno de los discursos que cristalizó el estereotipo de su época en los desarrollos sobre la subjetividad femenina y la masculina. Encontramos dos aportes importantes del psicoanálisis freudiano. El primero desarrollado en el escrito social “El malestar de la Cultura” (1929) en el que se refiere a las fuentes del malestar humano 1) la supremacía de la naturaleza 2) la caducidad de nuestro propio cuerpo y 3) insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad (Freud, 1973 p.29). En segundo lugar la conceptualización del Complejo de Edipo en el texto “Tres ensayos para una teoría sexual de 1905. En este último se puede captar el efecto del modelo patriarcal sobre las mujeres, si somos lo suficientemente perspicaces podemos leer claramente las desigualdades de género que Freud[10] intenta explicar por la vía pulsional. Irene Meler (2017) resume la teoría edípica freudiana al siguiente axioma: “(…) ante una insuficiente resolución del Complejo de Edipo se promueve una escisión del objeto amoroso. Se dirige la corriente de afectos tiernos hacia una mujer que evoca la madre, y que por eso mismo resulta objeto de una interdicción sexual. A la vez, el deseo erótico fluye con intensidad en dirección a otra mujer, degradada moralmente pero experimentada como atractiva, con la cual el varón está habilitado para ejercer un erotismo que haya incorporado las pulsiones parciales en lugar de reprimirlas” (p.220). Esta doble vía pulsional es la que impacta en dos modelos de contrato entre los géneros, el sexual y el matrimonial (Despentes, 2007).

Se hace necesario revisar ciertos paradigmas a la luz de las nuevas configuraciones vinculares, sin embargo la impronta del modelo patriarcal heteronormativo aún persiste en las configuraciones familiares, en la constitución psíquica y en las culturas locales donde se ven reforzadas por publicidades, pautas de consumo , lenguaje, moral religiosa, moral científica entre otras representaciones sociales.

No todo lo referido al psicoanálisis es de tinte negativo a la luz de la crítica feminista,  de hecho encontramos algunos conceptos psicoanalíticos aplicables a la comprensión del desarrollo de fenómenos masivos de identificación colectiva que dirigen la vida pulsional a un espacio de construcción significante y de salud mental. Retomando la tercera posición de sufrimiento se postula como favorita para comprender como el desencuentro simbólico e imaginario produce efectos reales que afectan enormemente la posibilidad de salud mental en sociedad.

En esta interrelación humana y el pasaje por sus instituciones se pueden identificar las fuentes de sufrimiento de las mujeres como efecto de la lógica patriarcal como un aspecto agravante y una causa más de padecimiento que se ha intentado adjudicar a la naturaleza femenina como cualidad de su constitución subjetiva. La discusión discurre sobre la iatrogenia del determinismo psíquico que deviene de interpretar los posicionamientos subjetivos desde la resolución de la conflictiva edípica positiva o negativa por encima de regulaciones sociales, culturales y simbólicas.

A partir de una mirada culturalmente situada desde una lectura social y política podemos pensar que los movimientos sociales, específicamente el Ni Una Menos deviene como un espacio transicional[11] donde se pasa del Yo al No-Yo. Según Irene Meler (2017) interviene una doble inscripción es este espacio objetivo y subjetivo a la vez. Lo subjetivo contiene fantasías, ilusiones, deseos, tensiones y conflictos de los sujetos que lo componen y que depositan en las estructuras de estos colectivos Se da un proceso identificatorio de reconocimiento mutuo resultante en la motivación subjetiva principal para la inclusión en estos colectivos (p. 74).  El aporte que consideramos más importante es en relación a la posibilidad de “figurabilidad” es decir se vuelve representable lo irrepresentable, lo indecible, que de lo contrario puede quedar inscripto como traumático (Meler, 2017). Volvemos a la consideración que la contención colectiva permite pensar lo siniestro y darle un sentido mediante la tramitación psíquica posibilitando la metabolización mental colectiva del emergente social traumático. De esta manera, encontramos constitución de salud mental en un espacio colectivo.

Según Emiliano Galende (2013) “los grupos sociales, religiosos o culturales, tienen estrategias propias para reconocer e identificar formas de sufrimiento mental y brindar cuidados”. El movimiento NUM está compuesto por una heterogeneidad de organizaciones civiles, políticas, estudiantiles que lleva a cabo acciones concretas que no pertenecen a un sistema formal de salud mental pero son del orden de “terapias alternativas” vinculadas a prácticas sociales y comunitarias asociadas a las contingencias cotidianas reales (Galende, 2013). Si bien el movimiento NUM se pude apreciar en su masividad y heterogeneidad las fechas denominados día de lucha[12], también las organizaciones que forman parte de este colectivo llevan a cabo trabajos de consejerías, acompañamiento a víctimas de violencia de género, talleres de prevención de violencia, talleres de autodefensa, casas refugio para mujeres víctimas de violencia, performances y pintadas callejeras, entre algunas actividades.

Este amplio abanico de acciones dota de un rico contenido al repertorio simbólico del movimiento NUM. Este repertorio es movilizado a partir del dolor y el sufrimiento lo que nos da la pista de que la identificación colectiva y su encausamiento mediante acciones concretas posibilitan una salud mental comunitaria[13]. Melanie Klein (2008) cuando nos habla de Salud Mental se refiere a su “naturaleza compleja y multiforme, que se basa en el interjuego entre las fuentes fundamentales de la vida mental -los impulsos de amor y de odio-, interacción donde predomina la capacidad de amar” (p. 331). Esta definición nos permite reflexionar sobre la capacidad de amar del colectivo y por ende eso es lo que motiva al grupo comunitario a sostener sus dispositivos de acción.

Esta forma activa de participación en cada ola de feminismo ha implicado una intersección entre feminismo y derechos humanos que ha posibilitad la construcción de feminismos críticos, filosóficos, teóricos y académicos posibilitando el enfrentamiento de prejuicios misóginos (Lagarde,2006). El movimiento mundial de mujeres se va constituyendo como este gran espacio de contención que a la vez que responde a las urgencias territoriales genera herramientas teórico-prácticas que marcan las agendas políticas y se posicionan como guardianas del cumplimiento de la protección de derechos asumidos por los Estado Parte.

Neoliberalismo Patriarcal

Encontramos una mixtura de tres modelos que operan sobre la constitución de subjetividades: a) el modelo capitalista b) el modelo neoliberal y c) el modelo patriarcal. En la coyuntura de los tres modelos que denominaremos neoliberalismo patriarcal hallamos las más refinadas técnicas políticas. Mediante la aplicación del bio-poder se implementan una serie de tecnologías ajustadas a lograr cuerpos dóciles (Foucault, 1987 en Perrota, 2011). La noción de consumo como máxima en una Estado Mercado (Falquet, 2014) ha habilitado el consumo los cuerpos de las mujeres, fragmentados por una “malegaze” o mirada fija masculina (Segato, 2003), la pornografía es una expresión de esto.

La proliferación del neoliberalismo patriarcal consta de la apertura de fronteras, globalización del conocimiento, homogeneización de dispositivos tecnológico, distribución fragmentaria de los cuerpos[14], arranca la posibilidad de la otredad como espejo e inaugura un libre mercado de personas donde la demanda queda liberada a las condiciones del mercado y los derechos humanos de los grupos subalternos quedan oprimidos bajo esta lógica dominante. Solapando un falsa idea de libertad solo posible mediante la posesión del capital económico capaz de comprar todo lo que este a su alcance sean objetos, personas, ideas, ideologías y/o territorios.

El neoliberalismo patriarcal funciona como una piel en la estructura mental colectiva. En esta piel mental colectiva oscilan las necesidades continuas de consumo y la repetición de relaciones jerárquicas de poder abonadas por una historia filogenética que ha posicionado al varón y a sus pares como los conquistadores del poder, del saber y del hacer a partir de imaginario fálico. Este imaginario es puesto a prueba constantemente. Según Rita Segato (2003) es el estatus masculino que mediante los rituales de iniciación deben demostrar su virilidad, la cual ha nacido de un paralelo de los órganos genitales a la constitución subjetiva de masculinidad. Dicha masculinidad va acompañada de un lenguaje violento de conquista y su antítesis es el lenguaje femenino perfomativo y dramático (Segato, 2003). Esta diferenciación filogenética es justificada por un discurso médico que atribuye características intelectuales, de rasgos de carácter y físicas a cada sexo. Como establece Perrotta (2011) todo discurso científico excluye la noción de sujeto en su singularidad,  disminuyéndolos a la condición de casos, historias clínicas que quedan alejadas de una lectura profunda y situada

El modelo androcéntrico (Anzorena, 2013) posiciona al hombre blanco como el centro de todos los paradigmas, aquello que sea diferente a él será llamado lo otro, lo dispar, lo castrado, lo débil, ejercido en los grupos subalternos (Gramsci, 2013): mujeres, adultos/as mayores y ancianos/as, pueblos originarios, diversidades sexuales, ecologistas, etnias religiosas, niños/as, adolescentes, etc. El varón blanco y heterosexual ejerce un mandato autoritario desde lo discursivo, lo simbólico, lo sexual y lo económico hacia estos grupos subalternos. No nos referimos únicamente al varón como aquel ser individual sino como un sistema simbólico que atraviesa las prácticas y las constituciones subjetivas, a veces podemos encontrar que aquellos grupos subalternos oprimidos sostienen y avalan el mismo discurso simbólico que los/as oprime, configurando un sistema social que, como sanos hijos/as del capitalismo, no posee fronteras, se instala y opera como un cáncer. La ramificación y repetición de este discurso simbólico es la naturalización del mismo, en ese punto el movimiento de mujeres, y de otros grupos oprimidos, se convierte en el bisturí que operará sobre cada una de esas células.

Esta piel colectiva es uno de las tensiones actuales que fuerzan a pensar y repensar la relación entre lo instituido e instituyente. Esta lucha de fuerzas se da entre los modelos hegemónicos y los grupos subalternos portadores de los emergentes sociales como formas de resistencia de los/las oprimidos/as en intentos de identificación colectiva, de recuperación la compasión por los/las otros/as, la posibilidad de superar la lógica de consumo objetivante y retomar la lógica subjetiva.

Conclusiones y comentarios

Los feminicidios como fenómeno superan toda lógica de comprensión, son producto de una fusión de estereotipos primitivos heredados de sistemas políticos mercantiles económicos, históricos y sociales que a medida que se van modificando las sociedades toman modalidades particulares. La singularidad de estos casos y la posibilidad de la comunicación masiva inauguran una codificación de nuevos significantes, que tienen que ver con lo siniestro como forma de consumo y por tanto como “moneda” de intercambio entre aquellos que desean consumir los cuerpos feminizados, un nuevo código patriarcal que muestra su poder soberano sobre la vida.

El neoliberalismo patriarcal es una fusión del patriarcado como modelo de dominio en términos opresivos, al cual el neoliberalismo le imprime el mandato del consumo sobre los cuerpos despojándolos de su singularidad e equiparándolos a la categoría objeto. Las formas patriarcales instituidas avalan la noción de la pertenencia de cuerpos femeninos o feminizados habilitando un tratamiento deshumanizado. Encontramos que la perpetuación de los feminicidios responden a una coherencia de praxis sobre un modelo hegemónico androcéntrico y falocéntrico anudado a la lógica del consumo.

Si intentamos leer a los feminicidios como un síntoma social de modelos culturales y económicos asimétricos con fisuras, encontramos dos salidas al mismo. Por un lado el movimiento instituyente de las mujeres nucleadas en colectivos feministas y por el otro la institucionalización en el Estado de espacios de género. El colectivo “Ni Una Menos” aparece en respuesta a una “ola de feminicidios” mediante la organización de forma espontánea en marchas multitudinarias en todo el territorio argentino. Se va estableciendo una agenda feminista que toma la mayor visibilidad conocida de la última década. Por el otro lado, la institucionalización en secretarias, direcciones, áreas de género, comisarías en el ámbito gubernamental con una serie de políticas públicas que apuntan a la disminución de casos de violencia de género, acompañamiento a víctimas, estadísticas, programas sociales etc.

En torno a los aspectos de salud mental colectiva encontramos que si traspolamos el concepto de comunicación que plantea Segato (2003) hacia el movimiento de mujeres, percibimos que la comunicación horizontal permite otorgar contención y genera lazos de sororidad, empatía y apoyo y la comunicación vertical opera denunciado y haciendo visible la organización y gestión frente a las problemáticas de violencia de género. Incluso nos topamos con el suceso de resistencia a la necropolítca estatal planteada desde el colectivo NUM, exigiendo y demandado acciones concretas como generando actividad específica de prevención y gestión ante situación de violencia de género en todos su sentidos.

El funcionamiento del Estado cuenta con un presupuesto escaso para dar respuesta a las problemáticas, falta de formación de los funcionaros y funcionarias públicos, dispositivos que fallan en el acompañamiento y en la articulación con otras instituciones gubernamentales, falta de seguimiento de las mujeres que denuncian y luego víctimas de feminicidios. Este listado nos deja el siguiente interrogante ¿Es este accionar una forma de dejar morir por parte del Estado? ¿No es acaso una sustitución de una biopolítica, que regula la vida hacia una necropolítica, que regula la muerte?

La sugerencia que nos queda formular es sostener la tensión constante entre las fuerzas instituyentes-instituidas para que la posibilidad de simbolización y de vigilancia (epistemológica si se quiere) esté a vuelo de ave visualizando y generando cambios metodológicos y de praxis necesarios para defender la vida de las mujeres en riesgo y fomentar la disminución de las desigualdades en torno a la categoría de género.

Ni el Estado, ni los estudios filosóficos, ni psicológicos, ni feministas nos devolverán aquellas almas arrebatadas, nos queda la memoria y el cuerpo para hacer de este mundo un lugar más justos donde alguna vez podamos gozar del amor a la vida, el amor al arte y el amor a la naturaleza.

Ni Una Menos, Vivas y Libres Nos Queremos

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[1]“(…)El encuadre correspondería a las constantes de un fenómeno, un método o una técnica, y el proceso al conjunto de las variables(…) (Bleger, 1967)

[2]Dato que dista al de la Casa del Encuentro que registró 290, los criterios de femicidios aún no están aunados.

[3]En el año 2015 de 5 femicidios registrados en Mendoza, 2 poseían denuncias previas. En el año 2016 de 21 femicidios registrados en Mendoza, 7 poseían denuncias previas (Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, 2015 y 2016). Cabe aclarar que estos datos estadísticos difieren en algunos casos de otros organismos no gubernamentales que contabilizan los mismos hechos.

[4]Cis se refiere a la coincidencia del sexo biológico, la autopercepción del género y orientación sexual, acorde a los roles determinados culturalmente para ese sexo.

[5]http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/205000-209999/206018/norma.htm

[6]En el derecho romano el monarca es quien decide a poder de espada la vida y la muerte de una persona.

[7] De la etimología griega “Zoé, expresaba el simple hecho de vivir común a todos los seres vivos y bios indicaba la forma o manera propia de un individuo o grupo” (Agamben, 2006).

[8]Biopolítica: la manera en que, a partir del siglo XVIII, se buscó racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de vivientes en cuanto población: salud, higiene, natalidad, longevidad, raza (Castro , 2011 p.61-62)

[9] “La violencia expresiva es aquella cuya finalidad es la expresión del control absoluto de una voluntad sobre otra” (Segato, 2013).

[10]Inevitablemente se generan referencias  a paradigmas teóricos desarrollados en Europa, demostrando el efecto de la colonización cultural y la globalización trasladando modelos europeos a América Latina y del Sur, entre ellos el patriarcado. Esto nos plantea el desafío de generar lecturas decoloniales y la producción de teorías locales a la luz de los procesos vivenciados.

[11]Concepto desarrollado por Winnicott : “Introduzco los términos «objetos transicionales» y «fenómenos transicionales» para designar la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de la deuda y el reconocimiento de ésta”. (Winnicott, 1953)

[12]En Argentina 8 de marzo“Día internacional de mujer”. 3 de junio marcha “Ni Una Menos” y 25 de diciembre “Día por la no violencia hacia las mujeres”.

[13]La definición de la ley nacional de salud mental 26.657 en su Art. 3 nos abre el camino “En el marco de la presente ley se reconoce a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”

[14]Trata de personas, inmigracion ilegal, explotación laboral de pobres, inmigrantes y niños/as, prostitucion de mujeres y niños/as.

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Resonancia feminista

“Resonancia feminista»: Pauline Oliveros”

Autora: Lic. Valentina Spina 

La conferencia tiene por objetivo analizar desde la obra de la compositora, feminista y activista política Pauline Oliveros, cómo las formas de clasificación con las que construimos nuestro mundo construyen fronteras en las distintas áreas y prácticas desarrolladas por el ser humano, como es el caso de nuestra percepción sonora y  la normalización del binarismo de género. Lo “femenino” en el arte es un adjetivo que en términos clásicos y convencionales se ha referido a un tema compositivo centrado en  la contemplación de la imagen femenina. Durante la segunda mitad del siglo XX  lo “femenino” asumió una postura consciente, política, teórica y artística al ser parte de las luchas feministas asociadas al activismo sobre los derechos civiles y la distribución del trabajo. Se diferencia así una estética femenina y una estética feminista. Es el propósito de la conferencia abordar el caso de Pauline Oliveros, quien a través del desarrollo del concepto de Deep Listening, que propone establecer una relación con el entorno sonoro basado en una escucha atenta y desprejuiciada que convierte a la escucha en un acto creativo, y de proyectos como el Female Ensemble, un espacio de exploración creativa y personal dentro de un contexto de apoyo grupal solo integrado por mujeres, logra articular artística y políticamente la reflexión feminista en el arte. 

Key Words: Feminismo – Femenino – Deep Listening – Conciencia sonora – Pauline Oliveros –

“Resonancia feminista: Pauline Oliveros”

Me gustaría abordar la temática de “Lo femenino” propuesta por el V Simposio de Psicoanálisis de Mendoza desde una perspectiva cultural. Quisiera darles a conocer la obra de la compositora, acordeonista, experimentadora sonora y activista por los derechos de las mujeres: Pauline Oliveros, nacida en Canadá en 1932 fallecida en 2016. Elijo hablar de Pauline Oliveros, entre muchas otras mujeres que fueron pioneras en el ámbito de la música, porque  no se trata solamente de una mujer que desafió a un entorno fuertemente machista, o que tuvo que lidiar contra la hostilidad de la crítica masculina, por cierto y como es habitual, más exigente con ella que con el resto de sus colegas hombres. En la obra de Pauline no existe escisión entre lo artístico y lo político, ni entre lo estético y lo reflexivo. A diferencia de muchas mujeres que utilizaron un lenguaje artístico para denunciar opresión y sometimiento patriarcal o para representar la intimidad de la vida femenina, subordinando la potencia artística al discurso (el contenido a la forma) como son el caso de las pintoras Frida Kalo y Berthe Morisot respectivamente, Oliveros no utilizó la música como un medio de expresión para comunicar lo ya pensado, lo decidido, lo criticado o lo juzgado, por el contrario, toda su reflexión sobre categorías de género, pautas culturales e imposiciones sociales la realizó desde el sonido, y el resultado fue revolucionario.

Lo “femenino” en el arte es un adjetivo que en términos clásicos y convencionales se ha referido a un tema compositivo, como las temáticas de desnudo y de toilette en la pintura, aquellas que representan a las mujeres en su intimidad. En la música el adjetivo “femenino” se utilizó sobre todo durante los siglos XVIII y XIX para expresar sonoridades blandas, románticas y líricas, un término tan impreciso y subjetivo como frecuente. Por el contrario, durante la segunda mitad del siglo XX  lo “femenino” asumió una postura consciente, política, teórica y artística dada las luchas feministas asociadas al activismo sobre los derechos civiles y la distribución del trabajo. Comenzó así a diferenciarse entre una estética femenina y una estética feminista. Precisamente la obra de Oliveros no condice con ninguna de estas estéticas, no se trata de un arte estéticamente femenino porque no se refiere a valores o características culturalmente asociables a lo femenino ni tampoco a una estética feminista porque no utiliza el lenguaje sonoro en pos de transmitir una posición feminista. La obra de Oliveros no comienza por la estética ni se define por ella, sino que es resultado de un proceso interno y genuino basado tanto en la deconstrucción de los aspectos sonoros como en la introspección de quienes practican su enfoque.

    El concepto Deep Listening (Escucha profunda), fue desarrollado por Pauline y consiste en hacer de la escucha diaria y cotidiana de todos los individuos (tanto músicos como no músicos) un arte. El sentido de la escucha es uno de los menos valorados en nuestra cultura, siendo predominante la visión por sobre todos; creemos y concentramos nuestra atención en lo que vemos, pero no confiamos en lo que oímos y tampoco tomamos conciencia del recorte selectivo que hacemos de nuestro entorno sonoro. ¿En qué medida escuchamos al otro?, ¿Cuál es la escucha selectiva que realizamos sobre nuestras voces interiores? ¿Cuáles son los sonidos que nos invaden y que no detectamos? La música ha sido, y en parte continúa siéndolo, el lenguaje artístico que ha demandado la concentración de nuestra escucha y que ha descartado el resto del espectro sonoro a lo largo de un proceso que abarca toda la Modernidad.

    Históricamente, la “música”, tal y como la conocemos, más allá de géneros, estilos, épocas y estéticas, música medieval, barroca, clásica, romántica, jazz, rock, tango, folclore, todo aquello que ante nuestra escucha identificamos como “música”, se conformó a lo largo de los siglos separándose de todo aquello que nuestra escucha actualmente nos indicaría que no es música, es decir: todos aquellos sonidos, ruidos, golpes, estridencias, sonidos imperceptibles, humanos o naturales, que no identificamos como música. Por ello se dice que la historia de la música es la historia de la relación entre el ruido y el sonido, entre el caos y el orden. La música se basó en un orden y organización de los sonidos, su ideal fue por siglos la “limpieza” de los ruidos, reducir el grado de incertidumbre e indeterminación de los ruidos y lograr el sonido pensado y deseado, para lo cual fue imprescindible el acompañamiento de la  tecnología y la técnica. Como resultado de este proceso fuimos alejándonos cada vez más de las sonoridades naturales, espontáneas, surgidas como resultados de nuestras actividades, de nuestros trabajos, alejándonos de nuestros propios sonidos (incluso de escuchar nuestros propios pensamientos) y restringiendo nuestra capacidad de escuchar a la música. Pensemos por ejemplo en la afinación y el pulso como esfuerzos por ordenar la altura de los sonidos y por distribuirlos de manera ordenada a lo largo del  tiempo. La música divide y estructura el tiempo así como el segundero de un reloj subdivide y organiza perfecta y constantemente nuestras tareas, nuestros días y nuestra vida. Durante siglos la composición consistió en un plan ideal detallado gráficamente en una partitura a través de un sistema de notación compuesto por símbolos, indicaciones y sugerencias; básicamente un mapa, una guía para su correcta interpretación.

    Actualmente comprendemos que sonido y ruido no son verdaderamente opuestos y que se trata en realidad de un continuum que cada cultura administra de manera diferente. El sonido es una experiencia del mundo y en ella se juega el sentido de lo estable y lo inestable, del control y del descontrol, se traduce en intervalos, escalas, estructuras rítmicas, constelaciones armónicas, tecnología, técnicas y estéticas. Por ello la música, de la cultura que sea, siempre implica una negación. Es todo lo que la compone, pero también nos hablan de ella aquellos elementos excluidos de su sistema.

    Precisamente en el siglo XX, y de manera vertiginosa desde 1960, en Estados Unidos, se gestó una escena cultural cosmopolita, que incluyó a muchos artistas e intelectuales europeos que se vieron desplazados del continente tras la Primera y Segunda Guerra Mundial; fueron años en que se vivió el desarrollo de la música contemporánea académica, del jazz, el rock, la música electrónica y la industria discográfica. Fue en ese ambiente donde artistas como John Cage, Morton Feldman y Murray Schafer comenzaron a reflexionar sobre la música, el ruido, el sonido y el silencio, básicamente la reconsideración histórica del lenguaje musical occidental.

    En ese contexto Pauline Oliveros, siendo una de las pocas mujeres en dedicarse a la experimentación sonora, fue una de las principales activistas por los derechos de las mujeres. Un hecho emblemático y que causó repercusión en el ambiente musical norteamericano fue su publicación en 1970 de un artículo en The New York Times  titulado “And Don´t Call Them ‘Lady’ Composers” el cual intentaba dar respuesta a la pregunta de por qué no había habido históricamente “grandes” compositoras. Oliveros adjudicaba tal fenómeno a la educación desigual, la orientación vocacional y los roles sociales estereotipados, explicaba cómo el ámbito de la música resultaba hostil hacia las mujeres y cómo se les exigía excelencia para ser siquiera consideradas compositoras, con niveles muchos mayores de calidad que la exigida a los hombres.

    En 1969, Oliveros comenzó a estudiar Conciencia Cinética junto a la bailarina y trabajadora corporal Elaine Summers. El método de Summers focalizaba educar la sensibilidad de las personas hacia las señales que provenían del propio cuerpo, tanto de las formas consientes como inconsciente sobre sus propios movimientos, ofreciendo una perspectiva integradora sobre el movimiento humano y la danza. Una de las contribuciones más interesantes de Elaine Summers, fue mostrar cómo las inhibiciones sociales podían dejar restricciones físicas duraderas en el cuerpo y cómo la educación corporal también es adquirida culturalmente. Trabajaba no solo con bailarines, sino que guiaba a las personas a ampliar la conciencia a través de movimientos lentos y cotidianos como sentarse, pararse y caminar. La conciencia corporal se volvió para Pauline una herramienta de la conciencia sonora y la incluyó en las prácticas de improvisación colectivas que organizaba por aquellos años. En la misma época en que el movimiento de liberación de mujeres estaba en auge Oliveros formó el grupo de Meditación Sónica que posteriormente se llamaría “Female Ensemble” (ensamble femenino), el grupo estaba enteramente conformado por mujeres músicas y no músicas y pretendía explorar la sonoridad desde la improvisación así como también compartir experiencias personales. Se reunía semanalmente en la casa de Pauline, donde los encuentros incluían una mezcla de partituras de texto, charlas de actualidad, discusión y ejercicios de conciencia cinética. Con el tiempo el grupo dejó lo verbal para solo comunicarse sonoramente y Oliveros organizó los encuentros mediante consignas escritas como las siguientes:

1-         Enséñate a volar

Cualquier número de personas se sienta en un círculo mirando hacia el centro. Ilumina el espacio con luz azul suave. Comienza simplemente observando tu propia respiración. Siempre sé un observador. Gradualmente permite que tu respiración se vuelva audible. Entonces introduce tu voz, permite a tus cuerdas vocales vibrar en cualquier modo que ocurra naturalmente. Permite que la intensidad aumente muy despacio. Continúa el mayor tiempo posible de forma natural hasta que todos los demás estén tranquilos, siempre observando tu propio ciclo de aliento.

Variación: Traducir la voz a un instrumento.

    Esta es la primera de las “Sonic Meditations” publicadas en 1971, un corpus de meditaciones sonoras para realizar tanto en grupo como solitariamente y que continúan siendo exploradas por grupos de meditación. Resultado de estas prácticas Deep Listening es al día de hoy una práctica integral, ejercitada por personas de todos los sexos y religiones, músicos y  no músicos,  desarrolladas en retiros de meditación que procuran trabajar la escucha profunda y ampliar la conciencia sobre el propio cuerpo y sobre el entorno.

    Oliveros supo potenciar la reflexión y predisposición a la introspección feminista de los años 70 para prologar esas inquietudes en gestos y búsquedas sonoras. La deconstrucción de las estructuras sociales y de los roles asignados a las mujeres durante siglos fue en un sentido la misma deconstrucción que ejercitó Pauline sobre el sonido y sobre nuestra manera de escuchar. Siempre se trató de una tarea introspectiva, de autoconocimiento, descomponiendo el sonido y expandiendo la conciencia sobre el propio cuerpo, sobre la escucha, sobre el movimiento y sobre el lugar en el mundo en que uno se encuentra. No es sencillo y probablemente sea inútil intentar leer la obra de Oliveros centrándose en sus aspectos feministas o artísticos, y eso es parte de la grandeza de su obra, precisamente porque son inseparables; la meditación sonora y la deconstrucción de la escucha, fueron a la vez reflexión ontológica, camino artístico, decisión de compartir y difundir sus aprendizajes; para Oliveros fue inevitable acuerparse y tocar junto a otras mujeres, fue urgente formar un Ensamble de Mujeres para meditar a través del sonido, para desvestir el sonido de su carga histórica y cultural y para también encontrarse sí misma, escuchar sus energías, sus voces y sonidos interiores. Para hacer de la búsqueda y de la escucha un arte. Lo femenino en la obra de Pauline fue un punto de partida necesario para llegar más allá, el feminismo no fue una bandera que limitó su accionar y mucho menos sus deseos artísticos. Lo femenino en la vida y obra de Pauline fue inclusivo, abierto, lúcido y liberador.

Bibliografía:

ATTALI, Jacques. Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música. Siglo XXI Editores, 1995. Madrid.

ILLES, Anthony, MATTIN, TOTH, Csaba. Ruido y capitalismo. Editorial Arteleku, 2011. Donostia, San Sebastián.

OLIVEROS, Pauline. Sonic Meditations. Smith Publications, 1974.

WISNIK, José Miguel. Sonido y sentido. Otra historia de la música. La Marca Editora, 2015. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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Lo Materno

Aproximaciones a lo materno en clave filosófica.

Sin pretensiones de agotar ningún tema, es posible acercarse a algunas elaboraciones y consideraciones acerca de lo materno y la experiencia de la maternidad desde la filosofía. Como toda experiencia significativa para los seres humanos, comporta su misterio, y para desentrañarlo, la filosofía es capaz de elaborar conceptos, filosofemas y planteos para abordar la cuestión. Dichas elaboraciones no arrojan toda la luz que es posible sobre un tema, pero nos acercan algunas respuestas parciales, que permiten una posterior profundización.

Es notable señalar que, a diferencia de temas como el amor, el poder o la muerte, sobre lo materno no ha habido la misma cantidad y profundidad de elaboraciones. Retomaremos, entonces, planteos contemporáneos, no sin antes hacer algunas preguntas sobre dicha ausencia[1]. ¿Con qué tiene que ver lo materno, que lo ha hecho menos digno de ser pensado filosóficamente? ¿Qué implicancias tiene? ¿Qué tipo de experiencia, práxica y de pensamiento, habilita?

En primer lugar, para acercar una hipótesis, quisiera retomar una distinción que ha atravesado toda la historia de la filosofía, desde sus orígenes hasta nuestros días. Dicha distinción podría pensarse como analítica en un primer momento, pero que luego ha tenido una serie de implicancias que exceden a esta  instancia  de análisis. Me refiero a  la distinción entre materia y forma (Aristóteles), Mundo sensible y Mundo inteligible (Platón), y a partir de ese momento,  entre cuerpo y alma, entre pensamiento y materia, entre el cielo y la tierra, entre los universales abstractos y las singularidades concretas, entre res cogitans y res extensa (Descartes), sujeto y objeto. Y, de otra manera, pueden pensarse como Ser y no-Ser, lo Uno y lo Múltiple, esencia y devenir.

En todos esos binomios es posible identificar una jerarquía: hay uno de los elementos que es ponderado como valioso, como un “deber ser”, como un ideal a alcanzar –y aquí ya es posible notar que la distinción excede lo analítico para ser de alguna manera normativa-, mientras que el otro elemento del par queda “debajo”, como poco deseable, poco valorado. Y es posible ubicar en dos grupos los pares: de un lado, la forma aristotélica, las ideas platónicas, el alma, el pensamiento, el cielo, los universales abstractos, la res cogitans, el sujeto,  el Ser, lo Uno, la esencia. Todos estos elementos tienen características similares: inteligibilidad, unidad, permanencia (cuando no eternidad). Es el lado de lo valioso. Del otro lado, los restantes: materia, mundo sensible, el cuerpo, lo terrenal, las singularidades concretas, la res extensa, el objeto, el no-Ser, lo Múltiple, el devenir. La característica que podemos identificar en este lado del par es la de la mutabilidad, inasibilidad y caducidad.

 La experiencia de lo materno aparece inexorablemente asociada al cuerpo y a la corporalidad. Tanto porque es un cuerpo gestando a otro cuerpo, una existencia total posibilitando otra (MERLEAU PONTY), como porque el maternar se asocia a los cuidados que permiten que la nueva existencia permanezca en el mundo. Quizá por esa condición explícitamente corporal, lo materno ha sido desplazado como problema filosófico digno de tratar. Ya que además, en la medida en que es experiencia corporal tiene sus singularidades, sus planos afectivos, y con ello la imposibilidad de elevar a conceptos puros dicho pensamiento. Más adelante retomaremos las implicancias que tiene el hecho de que las filosofías se desliguen de lo corporal que hay en ellas.

Los cachorros de la especie humana (a diferencia de las otras especies) requieren de una serie de cuidados para sostener su existencia en este mundo, lo que nos permite pensar que la experiencia de lo materno es la que, justamente, permite que vida haya. Es decir, que en el origen, o en nuestros orígenes, era la madre y lo materno. Si hay algo que nos iguala como seres humanos es el hecho de haber atravesado esa experiencia. Es una comunidad maternante la que permite, habilita, posibilita, nuestra existencia en el mundo: lo primero con lo que nos encontramos en el arribo a la existencia es el cuerpo afectivo, vinculado a y sostenido por esos otros con los que comparto mi comunidad. Es decir que la condición de ‘arrojado’, contra Heidegger y los existencialistas, no implica una soledad radical, sino una comunidad que “ataja” a ese ser que es “arrojado”.

En este punto seguiremos algunas de las consideraciones sobre el asunto que provienen de la filosofía argentina reciente (ROZITCHNER). Lo materno, en tanto que corporal, no ha sido aún atravesado y dividido por el lenguaje. Hay, sí, una lengua, pero es la lengua del afecto, que no establece distinción entre significado y significante, sino que son todos sentidos-sentidos,  y es ella la que va conformando el suelo desde el cual se abrirán, posteriormente, los sentidos y las palabras. De alguna manera la criatura forma un Uno con la madre, que luego deviene múltiple. En ese Uno no hay distancia ni posibilidad de escindir aún entre significado y significante, unidad si se quiere absoluta (absolutamente relativa, en la medida en que es siempre histórica) pero no en función de su abstracción, sino de su corporalidad. Se diferencia profundamente de la unidad constituyente de cada concepto es siempre abstracta, porque justamente abstrae todas las diferencias singulares en función de un universal.

Se postula entonces al afecto como el “puro sostén que retiene el sentido en el cual se inscriben todas las palabras”. Es decir que los sentidos y significaciones no provienen de ni responden a un orden racional o racionalizado, abstracto y universal, que preexista a la existencia histórica de los seres humanos (como especie, pero también de cada ser humano que adviene al mundo), como ha querido la filosofía. Se retoman tesis del filósofo Max Scheler, quien en su Ética material de los valores postuló que la “materialidad” de los valores más elevados consistía en la afectividad que los sostenía. Así, y contra lo que había planteado Kant-, sostiene que la afectividad es la base, el suelo, el fundamento sobre el cual se edifica el conocimiento humano, con sus universales y sus ideales.

Pero ese Uno,  esa unidad primigenia y corporal es necesariamente escindida, permitiendo el acceso de los seres humanos a la cultura. Se indaga entonces sobre los modos en que se produce dicha escisión, sus mecanismos y las consecuencias que se derivan, ya que son a su vez  los modos de producción de sujetos. Esa escisión no es mecánica ni abstractamente universal, sino que es radicalmente histórica. En ese sentido, la producción de sujetos es también histórica, por lo tanto situada, contingente y sujeta a un devenir. Si bien no es posible identificar universalmente el acceso a la cultura, sí se puede comprender el modo actual en el que los sujetos son producidos.

Es sobre esos enlaces primeros que se dan con el amor materno que se inscribirá luego, como sobre un soporte denso, todo lo que luego es atribuido como “puramente subjetivo”. Se sostiene que hay una lengua materna, afectiva, cuyos sentidos son sentidos (sin mediación simbólica). Esta experiencia es negada, y la lengua materna es suplantada por una lengua que aunque llamemos materna es patriarcal, porque lo que aparece allí es la imagen espectral del padre externo, el espectro persecutorio del derecho paterno.

Lo que se plantea es que a esa madre apalabrada, que es pura corporalidad y está radicalmente viva, se la suplanta por una madre muerta, en la medida en que su sentido no se sostiene sobre una afectividad. Con ello se hace referencia a las discusiones acerca del origen de lo humano: el Ser del que hablaba Heidegger, para poner un ejemplo que no es exhaustivo pero sí muy gráfico, no nos contiene ni nos contendrá nunca. Ese Ser no está sostenido sobre ningún cuerpo amoroso, sino que aparece despojado de toda referencia a la afectividad. Las abstracciones que se han puesto en el origen de lo humano y de la vida, en la medida en que responden al espectro patriarcal (y que, justamente por ello, han sido instauradas por el Terror de muerte) niegan la corporalidad afectiva que constituye a lo materno como tal.

No se plantea que el concepto de Ser sea equivalente o intercambiable con el de la madre. Lo que se plantea es que al concepto de “ser” sólo podemos pensarlo desde ella, porque es la premisa sensible de todo pensamiento. Sólo podemos acceder al mundo de lo simbólico, con sus órdenes, leyes y terrores, si nos asentamos firmemente sobre ese suelo afectivo materno, negado y vaciado, pero presente al fin.

Ahora bien, ¿cuáles son las implicancias de esta escisión? La negación del cuerpo. El establecimiento de dos órdenes abismalmente separados, entre lo intelectual-inteligible y lo afectivo-corporal, entre la ley del padre y el ordo amoris materno. Pero el cuerpo y la existencia toda nos develan una unidad. Hay unidad de percepción porque la existencia misma implica siempre una prolongación entre el cuerpo propio, la conciencia, y el mundo en el que se inscribe. El lenguaje que hablamos nos permite separar las esencias, dividir a las cosas como si fuesen-como si pudieran ser- entes aislados unos de otros, cada uno con una existencia individual atómica. Pero si bien esa división hace posible pensar la realidad, no hay que tomarla como la realidad misma: en ella, lo que separamos caprichosamente con nuestras palabras aparece entremezclado, formando y conformando significaciones múltiples.

Lo poético ha sido retomado y elaborado como un modo de articulación entre los afectos y el lenguaje. Si el lenguaje del “espectro patriarcal” es el que escinde a los sujetos de su suelo arcaico materno, en la medida en que establece a las esencias como separadas (Merleau-Ponty, 1994), el lenguaje poético es el que de alguna manera permite recuperar la unidad afectiva.


[1] Con ausencia, no me refiero a una ausencia absoluta, si no a un menor interés por el tema respecto de otros.

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V Simposio “Lo femenino”

“Feminicidios en el neoliberalismo patriarcal y la resistencia del movimiento de mujeres”

Lic. En Psicología Patricia Emilia Barichello.

Septiembre, 2018

Mendoza, Argentina

Resumen

La intención de este artículo es nutrirse de una mixtura de psicología política, conceptos filosóficos y lecturas con perspectiva de género. A partir del encuadre metodológico analizaremos las posibles motivaciones de los feminicidas que los traslada a una naturalización del consumo de las mujeres, el rol simbólico del movimiento de mujeres en la Argentina y el rol del Estado atravesado por una lectura de necropolítica (Mnembe, 2012 en Sayak y Sepúlveda, 2016) encarnada en la falta de aplicación de políticas públicas eficaces.

Estas reflexiones nos guiarán a realizar una posible lectura de las variables en torno a la categoría de femnicidio, visualizando en el movimiento de mujeres argentinas “Ni Una Menos” una posibilidad simbolizante de lo “siniestro” (Freud, 1919). Se posiciona así como fuerza instituyente que enfrenta a la “necropolítica” y sus lógicas de vinculación, en el marco del neoliberalismo patriarcal, mediante el armado de redes y el llamado a manifestarse en las calles.

Encontraremos la convivencia de dos paradigmas políticos ideológicos en fusión. Uno de ellos es el  neoliberalismo y el otro el patriarcado. Esta fusión posee efectos subjetivos que se manifiestan en el uso de los cuerpos feminizados a modo de objetos de consumo dispuestos por el mercado. Dentro de esta lógica intentaremos conocer cómo se complementan la repetición de relaciones jerárquicas de poder en las conductas de consumo.

Dialogaremos con las tensiones presentes entre los modelos instituidos hegemónicamente y los grupos subalternos instituyentes, portadores de los emergentes sociales, como formas de resistencia en intentos de identificación colectiva que superan la lógica de consumo objetivante mediante la lógica subjetiva. Reflexionaremos sobre la posibilidad del lazo colectivo como gatillo de una salud mental colectiva, trasformando lo siniestro en una posibilidad de simbolización y acción organizada.

Palabras claves: neoliberalismo patriarcal, femicidios, necropolítica, movimiento de mujeres,  psicología política, perspectiva de género.

Abstract

This article is intended to be nurtured by a mixture of political psychology, philosophical concepts and readings with a gender perspective. From the methodological setting we will analyze the possible motivations for perpetrating femicides, understood as a naturalization of women consumption; the symbolic role of the women´s movement in Argentina and the role of the State traversed by a necropolitic reading, embodied in the absence of effective public policies.

These reflections will guide us to a reading of the variables around the femicide category, visualizing a symbolic possibility of “the uncanny” in the Argentinian women´s movement “Ni Una Menos”.  It therefore positions as an instituting force facing necropolitics and its bonding logics in the context of patriarchal neoliberalism, through a network assembly and the call out into the streets.

We will encounter the coexistence of two ideological political paradigms in fusion. One of them is neoliberalism and the other patriarchy. This fusion has subjective effects manifested in the feminine corpse use as a consume objet disposed by the market.  Within this logic we´ll try to know how the repetition of power hierarchy relations and consumptions conducts are complemented.

There will be a dialogue with the tensions between the hegemonically instituted models and the instituting subalternal groups, conveyers of emerging social issues as a resistance in attempts of collective identification that overpasses the objectifying consumption logic by means of recovering of the subjective logic. The possibility of a collective bond to trigger mental health will be considered, transforming the uncanny into a symbolic possibility and an organized action.

Key words: patriarchal neoliberalism, femicides, necropolitics, women´s movement, politic psychology, gender perspective.

INTRODUCCIÓN

La temática que me interpela es la articulación entre feminicidios, neoliberalismo patriarcal y movimiento de mujeres. Estos tres temas merecen algunas reflexiones no solo teóricas sino también una lectura culturalmente situada. En ocasiones, la academia y el método científico intentan despojar la emocionalidad para generar un recorte de la realidad que se pueda convertir en un problema a ser investigado, en este caso el recorte quedaría de la siguiente manera: “Feminicidios en el neoliberalismo patriarcal y la resistencia del movimiento de mujeres”.

Ahora bien, entramos en la dilación de los conceptos y las diversas finas diferencias que harán que este trabajo sea interesante para la comunidad científica, quien la evalúa y en el mejor de los casos la haga circular, de otra manera, el archivo de Word quedará guardado hasta que la memoria Ram se llene, el pendrive se pierda o el tema ya no interese.

Vamos a definir el encuadre[1] de esta investigación. La primer pregunta que me realizo es: ¿Qué se necesita para construir un problema de investigación que linda entre las ciencias sociales y las ciencias humanas? Siendo psicóloga con posicionamiento crítico, orientación psicoanalítica, interés por los temas sociales y militante feminista encuentro que la psicología comunitaria y la psicología política son las ramas que permiten contener este interés personal. Por lo tanto el desafío es poder trabajar un tema y que el mismo tenga interés tanto para la disciplina psicológica como para las ciencias sociales.

Volviendo a nuestro recorte de la realidad encontramos tres grandes categorías 1) Feminicidios 2) Neoliberalismo patriarcal  3) Movimiento de mujeres. Comenzaremos problematizando el primero de ellos observando algunas hendiduras en torno al concepto.

Los feminicidios (Lagarde, 2006) constituyen la forma de Violencia de Género más extrema, donde el varón ejerce el poder patriarcal sobre la mujer para someterla. En la legislación argentina el principal factor para que un homicidio sea considerado femicidio es que el móvil sea la condición de género. Según datos de Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina en el año 2016 se registraron 254 femicidios en el territorio argentino[2], y 21 en la provincia de Mendoza. Estos datos permiten visibilizar la violencia, identificarla, denunciarla y convertirla en un problema para la democracia (Lagarde, 2006, p.5). Debido a los tratados internacionales como la Cedaw (Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres) celebrada en 1979 y la Convención de Belém Do Pará ( Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer) celebrada en 1994, ambas con rango constitucional, han generado el espacio político para discutir y aplicar políticas públicas en pos de resolver las problemáticas, posicionando al Estado no solo como parte del problema y sino también de la solución. Los feminicidios como consecuencia del modelo patriarcal y ante la falla de contención por parte del Estado nos plantean problemas epidemiológicos, jurídicos, sociales y de epistemología feminista, entre algunos.

La idea de neoliberalismo patriarcal parte de la consideración de que las subjetividades masculinas que ejercen control sobre la vida de las mujeres se encuentran insertas en un modelo económico que propicia el consumo de los cuerpos femeninos mediante la apropiación y disociación de toda subjetividad reduciéndolos (a los cuerpos) y reduciéndolas (a las mujeres) a la condición de objeto (de consumo). Se habilita un registro más de consumo. Estos cuerpos a-subjetivados u objetivados son utilizados como medios para satisfacer necesidades pulsionales inherentes a la configuración de la masculinidad que impone el patriarcado, sosteniendo y perpetuando las estructuras opresivas en relación a los estereotipos de género.

Encontramos, como consecuencia de los feminicidios, un efecto simbolizante en el movimiento “Ni una menos” y por lo tanto una expresión de salud mental compartida. Dicho colectivo actúa procesando aquello innombrable del dolor y la crueldad. Aparece como opción simbólica de aquello que ha sido despojado del código representacional y cada vez que sucede se enfrenta a lo siniestro, aquello cercano al orden de lo espantable, angustiante y espeluznante (Freud, 1919 en Freud, 1987). El armado de redes y la espontaneidad de manifestarse en las calles del movimiento de mujeres se posiciona como fuerza instituyente que enfrenta a la “necropolítica” (Mnembe, 2012 en Sayak y Sepúlveda, 2016) estatal responsable de dejar en los cajones de las oficinas (de las comisarias, de las secretarías de género, dirección de mujeres, etc.) los expedientes de aquellas próximas a ser víctimas una vez más de la violencia[3] convirtiéndose en crónicas de una muerte anunciada.

Desatando nudos

Algunas conceptualizaciones sobre feminicidios

Los feminicidios expresan la forma de violencia de género más extrema y constituyen un problema epidemiológico que se basa en la cantidad de crímenes que se comenten dentro de una población, la periodicidad en la que suceden, las metodologías instrumentadas, que se convertirán en una pedagogía de la crueldad (Segato, 2015). Encontramos en los feminicidios como factor más relevante la cualidad del género de las víctimas -mujeres cis[4] y mujeres trans, menores y adultas y el género del victimario- varón  cis, configurando la crueldad y dominio de un género sobre el otro a partir de bases de dominio sexual, psicológico, social , económico, político, jurídico y cultural apuntalados el sistema de desigualdad natural y supremacía del hombre (Lagarde ,2006)

Constituye un problema jurídico, En Argentina en el año 2012 se sancionó la Ley 26.791[5] que incorpora al Código Penal como figura agravante el delito de homicidio simple, el caso en que sea cometido por un hombre contra una mujer, mediando violencia de género, y cuando el homicidio se cometa con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación de pareja o exista un vínculo de consanguinidad ascendente y/o descendente, castigándolos con la máxima pena (Rico y Tuñez, 2013).

A su vez constituye un problema social ya que se da en un contexto de cultura androcéntrica (Anzorena, 2013) que genera impacto en las subjetividades individuales, específicamente en la relación asimétrica entre los géneros y los roles mucha veces estereotipados asignados cada uno de ellos. En lo psicológico y en términos de salud mental  las violencias en todas sus expresiones generan efectos negativos en la salud de las personas implicadas pero también en aquellas que reciben la información de esos sucesos de forma pasiva. Rita Segato (2013) desarrolla el efecto de la comunicación horizontal entre los pertenecientes a la fratría como una forma de habilitación de la violencia hacia las mujeres y la comunicación vertical dirigida a las posibles víctimas ejerciendo un poder simbólico. El papel de los medios de comunicación en el tratamiento de las noticias de violencias hacia las mujeres legitima y alimenta los mecanismos patriarcales de dominio y asimetría entre los géneros e impacta en la salud mental en tanto tiende a la naturalización de temáticas para nada naturales.

Y por último el tema de feminicidios nos plantea un problema de epistemología feminista. Marcela Lagarde (2015) acuña el termino feminicidios a partir de una traducción propia de un  texto de feministas anglosajonas, Diana Rosel y Jill Radford. La antropóloga plantea una reflexión en torno a la traducción de “femicide”(en idioma inglés ) femicidio considerando que el mismo solo se refiere al que mata y a la que muere mediando la forma de violencia misógina más extrema. Esta traducción del concepto iguala femicidio a homicidio de mujeres  por ello Lagarde considera que esta conceptualización permitió nombrar el fenómeno, pero omite la dimensión política del Estado y la tolerancia social a los crímenes de odio hacia las mujeres. Desagrega tres órdenes de culpabilidad en el término feminicidio a) la persona que quita la vida violentamente, b) la sociedad que lo incuba y c) el Estado que reproduce el orden patriarcal. En este mismo sentido Rita Segato (2011) nos habla de feminicidio (femicidio) para referirse a aquellos crímenes misóginos que se dan en contextos interpersonales, por móviles personales que se enmarcan en el derecho estatal, y aporta una nueva categoría que es la de femigenocio entendiendo como tal aquellos crímenes misóginos que se dan en contextos bélicos y/o armados por móviles impersonales y de forma sistemática convirtiéndolos en crímenes de lesa humanidad y genocidios quedando enmarcados en el fuero internacional. En la historia argentina encontramos que este concepto podría ser de útil aplicación para el periodo de la dictadura (1976-1983) de nuestro país.

Feminicidios desde una mirada filosófica

Apelando a un abordaje filosófico es posible recurrir a la conceptualización del poder soberano[6], la nuda vida y el binomio bios/zoé[7] (Agamben, 2006). Utilizaré estos conceptos como metáfora para entender y explicar la lógica de poder patriarcal en torno a los feminicidios. El varón patriarcal y femicida ejerce un poder soberano y un control directo sobre la vida de la mujer despojándola de toda dignidad. Desde este punto de vista la vida o la “bios” es en tanto socialización, lenguaje, acceso a la cultura y a la vida política, en cambio la “zoé” se refiere a una vida animal (Agamben, 2006) sometida al poder soberano y sus intenciones de someter a su voluntad al otro/a. En este caso concebimos al poder soberano como aquel ejercido por un varón patriarcal y también aplicable al rol del Estado. Nos posicionamos en una concepción de poder foucaultiana: “el poder es una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una -relación de poder-” (Deleuze, 1983). El poder es un ejercicio aplicado a las relaciones de fuerza que se manifiestan en los vínculos sociales, asimétricos en la mayoría de sus formas.

Nos enfrentamos a una dialéctica entre biopolítica[8], como regulación de la vida y necropolítica, como regulación de la muerte. La necropolítica se refiere al poder soberano aplicado en los regímenes de excepción o dictaduras en Latinoamérica y Sudamérica, las plantaciones de algodón en Norteamérica, el apartheid sudafricano inspirado en raíces históricas del colonialismo europeo (Mbembe, 2011). Si bien Mbembe relaciona la necropolítica con el racismo, explica “La condición de un esclavo resulta de una pérdida triple: la pérdida de un “hogar”, la pérdida de los derechos sobre el propio cuerpo y la pérdida del estatus político. Esto es idéntico a la dominación mental y la muerte social [(Mbembe, 2006, 39) en Rodríguez Martínes, 2017]. Esta acepción que ofrece la autora denota la noción de pérdida de derechos humanos, jurídicos y civiles que iguala a la vida a la “zoe”, es decir despojada por completo de sus condiciones necesarias para la vida culturada.

El uso de este concepto será mediante el traslado de su aplicación hacia las políticas públicas, específicamente las de prevención de violencia género. El siguiente interrogante se presenta como hipótesis ¿La falta de presupuesto y de acciones por parte del Estado son formas de necropolítica enfrascadas en políticas públicas? Encontramos una serie de políticas públicas y mecanismos institucionales para hacer frente a la violencia de género, sin embargo si hacemos pie en las estadísticas encontramos que casi la mitad de los feminicidios tienen antecedentes de denuncias policiales. Esta omisión de acción se puede leer como un desinterés que culmina con la pérdida real de vidas, por lo tanto el Estado que fue alertado con una denuncia de violencia de género abandona sus mecanismos de protección sometiendo la vida de las mujeres-zoe- al poder soberano del hombre patriarcal. En este doble destino hacia la muerte encontramos una función que articula al femicida y al Estado sobre el control y el consumo de los cuerpos feminizados. Según Sagot (2013) se constituye una necropolítca de género que impone la aceptación de las reglas masculinas y preserva el status quo de género.

El poder patriarcal opera mediante dispositivos como el miedo, la amenaza, la vergüenza, la coerción llegando a ejercer un poder sobre la vida que se convierte en poder sobre la muerte en los caso de feminicidios. El poder soberano, que ejerce el varón femicida mediante la subordinación psicológica física y moral, es en pos de validar su masculinidad con su fratría en la violencia expresiva[9] (Segato, 2013). Las vidas de las mujeres y de todos los cuerpos feminizados se convierten en nuda vida en tanto que cualquiera que ejerza un poder soberano patriarcal prefijado por funciones sociales predeterminadas en un imaginario social compartido, puede darle muerte (Agamben, 2006)

Entre los pares varones se da una comunicación horizontal, que gracias a su agresividad y poder de muerte los ubica en un lugar destacado de la pirámide jerárquica de la fratría, y la comunicación vertical es hacia la víctima, desde un lugar punitivo y de “paladín de la moral social”, encarnando el poder soberano (Segato, 2013). Esta comunicación es un dispositivo de bio poder que actúa reforzando el orden heteronormado y sanciona la salida de la norma con la muerte. El femicida gracias la dominación masculina y la negligencia estatal lleva a cabo su poder de muerte sobre la vida, lo que hace la norma es habilitar ese proceder. Podemos repensar esta comunicación y aplicarla de la misma manera al colectivo NUM, en la horizontalidad permite la identificación y la sororidad y en la verticalidad demuestra, por lo menos, resistencia.

Estamos frente a un complejo entramado de concepciones que giran en torno a los dispositivos de poder y las características que toman de la mano del Estado. La lectura piscopolítica del contexto que hemos venido realizando nos permite aproximarnos a las características de los contratos entre los varones y mujeres teñidos de concepciones estereotipadas para cada uno de los géneros, normalización de las asimetrías opresivas, justificación discursiva científica, mediática, jurídica, etc. Se entrecruzan variables que oscilan desde un “coctel pulsional”, pautas culturales y modalidades de consumo, mediante el cual, algunos varones, se sienten habilitados a demostrar su masculinidad a costa de la vida de las mujeres. Operan desde la trasgresión, el poder totalitario sobre la vida y la cualidad de lo siniestro (Freud, 1987), avanza sin freno sobre la bios, despojándola de todo contenido y reduciéndola a un momento de consumo exaltado que solo frenará en su mente con la muerte de aquella vida que ha convertido en objeto. El Estado en su no presencia y no sanción posterior se convierte en un estado, con minúscula, que permite la violación del derecho humano para las mujeres a una vida libre de violencia.

Movimiento de mujeres: una lectura desde el psicoanálisis y la salud mental colectiva.

Existen modelos naturalizados hacen siglos desde discursos académicos deben ser revalorizados a la luz de una lectura culturalmente situada. El psicoanálisis ha sido fuente de uno de los discursos que cristalizó el estereotipo de su época en los desarrollos sobre la subjetividad femenina y la masculina. Encontramos dos aportes importantes del psicoanálisis freudiano. El primero desarrollado en el escrito social “El malestar de la Cultura” (1929) en el que se refiere a las fuentes del malestar humano 1) la supremacía de la naturaleza 2) la caducidad de nuestro propio cuerpo y 3) insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad (Freud, 1973 p.29). En segundo lugar la conceptualización del Complejo de Edipo en el texto “Tres ensayos para una teoría sexual de 1905. En este último se puede captar el efecto del modelo patriarcal sobre las mujeres, si somos lo suficientemente perspicaces podemos leer claramente las desigualdades de género que Freud[10] intenta explicar por la vía pulsional. Irene Meler (2017) resume la teoría edípica freudiana al siguiente axioma: “(…) ante una insuficiente resolución del Complejo de Edipo se promueve una escisión del objeto amoroso. Se dirige la corriente de afectos tiernos hacia una mujer que evoca la madre, y que por eso mismo resulta objeto de una interdicción sexual. A la vez, el deseo erótico fluye con intensidad en dirección a otra mujer, degradada moralmente pero experimentada como atractiva, con la cual el varón está habilitado para ejercer un erotismo que haya incorporado las pulsiones parciales en lugar de reprimirlas” (p.220). Esta doble vía pulsional es la que impacta en dos modelos de contrato entre los géneros, el sexual y el matrimonial (Despentes, 2007).

Se hace necesario revisar ciertos paradigmas a la luz de las nuevas configuraciones vinculares, sin embargo la impronta del modelo patriarcal heteronormativo aún persiste en las configuraciones familiares, en la constitución psíquica y en las culturas locales donde se ven reforzadas por publicidades, pautas de consumo , lenguaje, moral religiosa, moral científica entre otras representaciones sociales.

No todo lo referido al psicoanálisis es de tinte negativo a la luz de la crítica feminista,  de hecho encontramos algunos conceptos psicoanalíticos aplicables a la comprensión del desarrollo de fenómenos masivos de identificación colectiva que dirigen la vida pulsional a un espacio de construcción significante y de salud mental. Retomando la tercera posición de sufrimiento se postula como favorita para comprender como el desencuentro simbólico e imaginario produce efectos reales que afectan enormemente la posibilidad de salud mental en sociedad.

En esta interrelación humana y el pasaje por sus instituciones se pueden identificar las fuentes de sufrimiento de las mujeres como efecto de la lógica patriarcal como un aspecto agravante y una causa más de padecimiento que se ha intentado adjudicar a la naturaleza femenina como cualidad de su constitución subjetiva. La discusión discurre sobre la iatrogenia del determinismo psíquico que deviene de interpretar los posicionamientos subjetivos desde la resolución de la conflictiva edípica positiva o negativa por encima de regulaciones sociales, culturales y simbólicas.

A partir de una mirada culturalmente situada desde una lectura social y política podemos pensar que los movimientos sociales, específicamente el Ni Una Menos deviene como un espacio transicional[11] donde se pasa del Yo al No-Yo. Según Irene Meler (2017) interviene una doble inscripción es este espacio objetivo y subjetivo a la vez. Lo subjetivo contiene fantasías, ilusiones, deseos, tensiones y conflictos de los sujetos que lo componen y que depositan en las estructuras de estos colectivos Se da un proceso identificatorio de reconocimiento mutuo resultante en la motivación subjetiva principal para la inclusión en estos colectivos (p. 74).  El aporte que consideramos más importante es en relación a la posibilidad de “figurabilidad” es decir se vuelve representable lo irrepresentable, lo indecible, que de lo contrario puede quedar inscripto como traumático (Meler, 2017). Volvemos a la consideración que la contención colectiva permite pensar lo siniestro y darle un sentido mediante la tramitación psíquica posibilitando la metabolización mental colectiva del emergente social traumático. De esta manera, encontramos constitución de salud mental en un espacio colectivo.

Según Emiliano Galende (2013) “los grupos sociales, religiosos o culturales, tienen estrategias propias para reconocer e identificar formas de sufrimiento mental y brindar cuidados”. El movimiento NUM está compuesto por una heterogeneidad de organizaciones civiles, políticas, estudiantiles que lleva a cabo acciones concretas que no pertenecen a un sistema formal de salud mental pero son del orden de “terapias alternativas” vinculadas a prácticas sociales y comunitarias asociadas a las contingencias cotidianas reales (Galende, 2013). Si bien el movimiento NUM se pude apreciar en su masividad y heterogeneidad las fechas denominados día de lucha[12], también las organizaciones que forman parte de este colectivo llevan a cabo trabajos de consejerías, acompañamiento a víctimas de violencia de género, talleres de prevención de violencia, talleres de autodefensa, casas refugio para mujeres víctimas de violencia, performances y pintadas callejeras, entre algunas actividades.

Este amplio abanico de acciones dota de un rico contenido al repertorio simbólico del movimiento NUM. Este repertorio es movilizado a partir del dolor y el sufrimiento lo que nos da la pista de que la identificación colectiva y su encausamiento mediante acciones concretas posibilitan una salud mental comunitaria[13]. Melanie Klein (2008) cuando nos habla de Salud Mental se refiere a su “naturaleza compleja y multiforme, que se basa en el interjuego entre las fuentes fundamentales de la vida mental -los impulsos de amor y de odio-, interacción donde predomina la capacidad de amar” (p. 331). Esta definición nos permite reflexionar sobre la capacidad de amar del colectivo y por ende eso es lo que motiva al grupo comunitario a sostener sus dispositivos de acción.

Esta forma activa de participación en cada ola de feminismo ha implicado una intersección entre feminismo y derechos humanos que ha posibilitad la construcción de feminismos críticos, filosóficos, teóricos y académicos posibilitando el enfrentamiento de prejuicios misóginos (Lagarde,2006). El movimiento mundial de mujeres se va constituyendo como este gran espacio de contención que a la vez que responde a las urgencias territoriales genera herramientas teórico-prácticas que marcan las agendas políticas y se posicionan como guardianas del cumplimiento de la protección de derechos asumidos por los Estado Parte.

Neoliberalismo Patriarcal

Encontramos una mixtura de tres modelos que operan sobre la constitución de subjetividades: a) el modelo capitalista b) el modelo neoliberal y c) el modelo patriarcal. En la coyuntura de los tres modelos que denominaremos neoliberalismo patriarcal hallamos las más refinadas técnicas políticas. Mediante la aplicación del bio-poder se implementan una serie de tecnologías ajustadas a lograr cuerpos dóciles (Foucault, 1987 en Perrota, 2011). La noción de consumo como máxima en una Estado Mercado (Falquet, 2014) ha habilitado el consumo los cuerpos de las mujeres, fragmentados por una “malegaze” o mirada fija masculina (Segato, 2003), la pornografía es una expresión de esto.

La proliferación del neoliberalismo patriarcal consta de la apertura de fronteras, globalización del conocimiento, homogeneización de dispositivos tecnológico, distribución fragmentaria de los cuerpos[14], arranca la posibilidad de la otredad como espejo e inaugura un libre mercado de personas donde la demanda queda liberada a las condiciones del mercado y los derechos humanos de los grupos subalternos quedan oprimidos bajo esta lógica dominante. Solapando un falsa idea de libertad solo posible mediante la posesión del capital económico capaz de comprar todo lo que este a su alcance sean objetos, personas, ideas, ideologías y/o territorios.

El neoliberalismo patriarcal funciona como una piel en la estructura mental colectiva. En esta piel mental colectiva oscilan las necesidades continuas de consumo y la repetición de relaciones jerárquicas de poder abonadas por una historia filogenética que ha posicionado al varón y a sus pares como los conquistadores del poder, del saber y del hacer a partir de imaginario fálico. Este imaginario es puesto a prueba constantemente. Según Rita Segato (2003) es el estatus masculino que mediante los rituales de iniciación deben demostrar su virilidad, la cual ha nacido de un paralelo de los órganos genitales a la constitución subjetiva de masculinidad. Dicha masculinidad va acompañada de un lenguaje violento de conquista y su antítesis es el lenguaje femenino perfomativo y dramático (Segato, 2003). Esta diferenciación filogenética es justificada por un discurso médico que atribuye características intelectuales, de rasgos de carácter y físicas a cada sexo. Como establece Perrotta (2011) todo discurso científico excluye la noción de sujeto en su singularidad,  disminuyéndolos a la condición de casos, historias clínicas que quedan alejadas de una lectura profunda y situada

El modelo androcéntrico (Anzorena, 2013) posiciona al hombre blanco como el centro de todos los paradigmas, aquello que sea diferente a él será llamado lo otro, lo dispar, lo castrado, lo débil, ejercido en los grupos subalternos (Gramsci, 2013): mujeres, adultos/as mayores y ancianos/as, pueblos originarios, diversidades sexuales, ecologistas, etnias religiosas, niños/as, adolescentes, etc. El varón blanco y heterosexual ejerce un mandato autoritario desde lo discursivo, lo simbólico, lo sexual y lo económico hacia estos grupos subalternos. No nos referimos únicamente al varón como aquel ser individual sino como un sistema simbólico que atraviesa las prácticas y las constituciones subjetivas, a veces podemos encontrar que aquellos grupos subalternos oprimidos sostienen y avalan el mismo discurso simbólico que los/as oprime, configurando un sistema social que, como sanos hijos/as del capitalismo, no posee fronteras, se instala y opera como un cáncer. La ramificación y repetición de este discurso simbólico es la naturalización del mismo, en ese punto el movimiento de mujeres, y de otros grupos oprimidos, se convierte en el bisturí que operará sobre cada una de esas células.

Esta piel colectiva es uno de las tensiones actuales que fuerzan a pensar y repensar la relación entre lo instituido e instituyente. Esta lucha de fuerzas se da entre los modelos hegemónicos y los grupos subalternos portadores de los emergentes sociales como formas de resistencia de los/las oprimidos/as en intentos de identificación colectiva, de recuperación la compasión por los/las otros/as, la posibilidad de superar la lógica de consumo objetivante y retomar la lógica subjetiva.

Conclusiones y comentarios

Los feminicidios como fenómeno superan toda lógica de comprensión, son producto de una fusión de estereotipos primitivos heredados de sistemas políticos mercantiles económicos, históricos y sociales que a medida que se van modificando las sociedades toman modalidades particulares. La singularidad de estos casos y la posibilidad de la comunicación masiva inauguran una codificación de nuevos significantes, que tienen que ver con lo siniestro como forma de consumo y por tanto como “moneda” de intercambio entre aquellos que desean consumir los cuerpos feminizados, un nuevo código patriarcal que muestra su poder soberano sobre la vida.

El neoliberalismo patriarcal es una fusión del patriarcado como modelo de dominio en términos opresivos, al cual el neoliberalismo le imprime el mandato del consumo sobre los cuerpos despojándolos de su singularidad e equiparándolos a la categoría objeto. Las formas patriarcales instituidas avalan la noción de la pertenencia de cuerpos femeninos o feminizados habilitando un tratamiento deshumanizado. Encontramos que la perpetuación de los feminicidios responden a una coherencia de praxis sobre un modelo hegemónico androcéntrico y falocéntrico anudado a la lógica del consumo.

Si intentamos leer a los feminicidios como un síntoma social de modelos culturales y económicos asimétricos con fisuras, encontramos dos salidas al mismo. Por un lado el movimiento instituyente de las mujeres nucleadas en colectivos feministas y por el otro la institucionalización en el Estado de espacios de género. El colectivo “Ni Una Menos” aparece en respuesta a una “ola de feminicidios” mediante la organización de forma espontánea en marchas multitudinarias en todo el territorio argentino. Se va estableciendo una agenda feminista que toma la mayor visibilidad conocida de la última década. Por el otro lado, la institucionalización en secretarias, direcciones, áreas de género, comisarías en el ámbito gubernamental con una serie de políticas públicas que apuntan a la disminución de casos de violencia de género, acompañamiento a víctimas, estadísticas, programas sociales etc.

En torno a los aspectos de salud mental colectiva encontramos que si traspolamos el concepto de comunicación que plantea Segato (2003) hacia el movimiento de mujeres, percibimos que la comunicación horizontal permite otorgar contención y genera lazos de sororidad, empatía y apoyo y la comunicación vertical opera denunciado y haciendo visible la organización y gestión frente a las problemáticas de violencia de género. Incluso nos topamos con el suceso de resistencia a la necropolítca estatal planteada desde el colectivo NUM, exigiendo y demandado acciones concretas como generando actividad específica de prevención y gestión ante situación de violencia de género en todos su sentidos.

El funcionamiento del Estado cuenta con un presupuesto escaso para dar respuesta a las problemáticas, falta de formación de los funcionaros y funcionarias públicos, dispositivos que fallan en el acompañamiento y en la articulación con otras instituciones gubernamentales, falta de seguimiento de las mujeres que denuncian y luego víctimas de feminicidios. Este listado nos deja el siguiente interrogante ¿Es este accionar una forma de dejar morir por parte del Estado? ¿No es acaso una sustitución de una biopolítica, que regula la vida hacia una necropolítica, que regula la muerte?

La sugerencia que nos queda formular es sostener la tensión constante entre las fuerzas instituyentes-instituidas para que la posibilidad de simbolización y de vigilancia (epistemológica si se quiere) esté a vuelo de ave visualizando y generando cambios metodológicos y de praxis necesarios para defender la vida de las mujeres en riesgo y fomentar la disminución de las desigualdades en torno a la categoría de género.

Ni el Estado, ni los estudios filosóficos, ni psicológicos, ni feministas nos devolverán aquellas almas arrebatadas, nos queda la memoria y el cuerpo para hacer de este mundo un lugar más justos donde alguna vez podamos gozar del amor a la vida, el amor al arte y el amor a la naturaleza.

Ni Una Menos, Vivas y Libres Nos Queremos

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[1]“(…)El encuadre correspondería a las constantes de un fenómeno, un método o una técnica, y el proceso al conjunto de las variables(…) (Bleger, 1967)

[2]Dato que dista al de la Casa del Encuentro que registró 290, los criterios de femicidios aún no están aunados.

[3]En el año 2015 de 5 femicidios registrados en Mendoza, 2 poseían denuncias previas. En el año 2016 de 21 femicidios registrados en Mendoza, 7 poseían denuncias previas (Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, 2015 y 2016). Cabe aclarar que estos datos estadísticos difieren en algunos casos de otros organismos no gubernamentales que contabilizan los mismos hechos.

[4]Cis se refiere a la coincidencia del sexo biológico, la autopercepción del género y orientación sexual, acorde a los roles determinados culturalmente para ese sexo.

[5]http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/205000-209999/206018/norma.htm

[6]En el derecho romano el monarca es quien decide a poder de espada la vida y la muerte de una persona.

[7] De la etimología griega “Zoé, expresaba el simple hecho de vivir común a todos los seres vivos y bios indicaba la forma o manera propia de un individuo o grupo” (Agamben, 2006).

[8]Biopolítica: la manera en que, a partir del siglo XVIII, se buscó racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de vivientes en cuanto población: salud, higiene, natalidad, longevidad, raza (Castro , 2011 p.61-62)

[9] “La violencia expresiva es aquella cuya finalidad es la expresión del control absoluto de una voluntad sobre otra” (Segato, 2013).

[10]Inevitablemente se generan referencias  a paradigmas teóricos desarrollados en Europa, demostrando el efecto de la colonización cultural y la globalización trasladando modelos europeos a América Latina y del Sur, entre ellos el patriarcado. Esto nos plantea el desafío de generar lecturas decoloniales y la producción de teorías locales a la luz de los procesos vivenciados.

[11]Concepto desarrollado por Winnicott : “Introduzco los términos «objetos transicionales» y «fenómenos transicionales» para designar la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyectado, entre el desconocimiento primario de la deuda y el reconocimiento de ésta”. (Winnicott, 1953)

[12]En Argentina 8 de marzo“Día internacional de mujer”. 3 de junio marcha “Ni Una Menos” y 25 de diciembre “Día por la no violencia hacia las mujeres”.

[13]La definición de la ley nacional de salud mental 26.657 en su Art. 3 nos abre el camino “En el marco de la presente ley se reconoce a la salud mental como un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”

[14]Trata de personas, inmigracion ilegal, explotación laboral de pobres, inmigrantes y niños/as, prostitucion de mujeres y niños/as.

Porc1620528

V SIMPOSIO SPM LO FEMENINO

INTERSECCIONES EN UNA LARGA TRAVESÍA

Lic. Cecilia de Rosas

                                                                                                  S.P.M.

Palabras claves: Edipo- Femineidad-Bisexualidad

Resumen: Me propongo pensar la clínica actual y las dificultades que se nos plantean hoy a los analistas para la comprensión de ciertos fenómenos desde las teorías conocidas. Realizaré un breve recorrido por el Mito de Edipo desde la perspectiva de Bion, y tomando como modelo la actitud de Edipo ante el conocimiento de su propia identidad, intentaré pensar las vicisitudes que enfrentan hoy de los adolescentes frente a la sexualidad. La sexualidad, siempre  traumática, impone varios conflictos a resolver. Presentaré tres breves viñetas clínicas para ejemplificar los planteos expuestos en el trabajo.

En siguiente trabajo intentaré reflexionar sobre varias preguntas, que me surgen diariamente a partir de la clínica hoy. Me parece muy llamativo la frecuencia con que últimamente mis pacientes hablan con tanta naturalidad de las relaciones o acercamientos sexuales con personas del mismo sexo, lo que llamaría una actuación de la bisexualidad. Hasta hace diez años aproximadamente la bisexualidad aparecía reprimida y debía interpretarla; luego era un planteo que los pacientes traían a sesión conscientemente. Hoy con bastante frecuencia aparece como  un hecho consumado.

            El mito de Edipo, tal como lo plantea Bion, me ayudó a hacerme algunos cuestionamientos y acercarme tanto a mis pacientes, como a las dificultades que se nos plantean a los analistas hoy con nuestras teorías, las que funcionan como padres internos que guían nuestro quehacer. Bion considera al mito de Edipo como un componente importante de la mente humana, y se centra en la actitud ante el conocimiento, más que en el contenido sexual, en el que hizo incapié Freud.

Considera los distintos componentes de la historia: pronunciamiento del Oráculo de Delfos, la advertencia de Tiresias, el enigma de la Esfinge, la arrogancia de Edipo en su indagación, y una serie de desastres posteriores, peste, suicidios, enceguecimientos, como elementos de un sistema deductivo científico, que como en un sistema algebraico, deben ser considerados unos en relación a los otros.  El acento está puesto en la función, en la relación entre todos estos personajes y la forma en que se relacionan en la mente.

El autor nos dice en su libro Elementos (pág.71): “El enigma tradicionalmente atribuido a la Esfinge es una expresión de la curiosidad del hombre dirigida hacia sí mismo. La conciencia de sí mismo o la curiosidad en la personalidad acerca de la Personalidad, es un rasgo esencial de la historia”. Lo ubica junto al mito de la torre de Babel  y el jardín del Edén, donde la curiosidad se la considera un pecado.

Tomaré la actitud de Edipo ante el conocimiento de su propia identidad como modelo para pensar la construcción de la misma y básicamente la identidad sexual. Edipo de quien todos conocemos su historia, está curioso de su destino y consulta al Oráculo que le dice que matará a su padre y desposará a su madre. Ante el temor de lo que escucha decide tomar distancia y en una encrucijada mata a Layo porque éste no le cede el paso. Al llegar a Tebas encuentra a la Esfinge quien le plantea un acertijo, el cual él resuelve sin dificultad. Otro punto importante de la historia es Edipo en Colona, cuando busca saber su identidad a toda costa, busca contenidos y se opone a la idea de prudencia que le sugiere Creonte. Edipo interpreta erróneamente los hechos llegando así a la ceguera.

Edipo si bien es una persona curiosa e inteligente, va en búsqueda de hechos concretos sin poder detenerse a pensar, predomina la acción, no tolera la duda. Las preguntas que pueden surgir en su mente, si les diera cabida, si ampliase su continente mental, podrían haber encontrado respuesta y así frenado su tendencia a la acción. En contacto con su mundo interno podría  haber comprendido más, que con su búsqueda arrogante de la verdad. El conocimiento adquirido con su modalidad lo lleva a un destino de sufrimiento y ceguera.

Tiresias si bien es vidente es ciego también, es quien según algunas versiones del mito había experimentado las dos sexualidades. Viendo en una oportunidad dos serpientes en coito, mata a la hembra y se convierte en mujer y en otra oportunidad ante la misma escena mata al macho volviendo a ser hombre. Sabía de los goces de la sexualidad por los hechos, no por haber accedido al mismo a través de la imaginación.

Cuando no se encuentra un continente adecuado para los cuestionamientos y pensamientos se cae en una mayor confusión, pienso que algo de esto, es lo que sucede en los niños y adolescentes de hoy, y a veces redoblan la apuesta con sus acciones buscando un continente.

La curiosidad promueve el avance de la ciencia y junto con ello, se expanden los conflictos a pensar. Fueron los avances en las ciencias médicas los  que permitieron una sexualidad más libre con el descubrimiento de los anticonceptivos y medicación para las enfermedades venéreas; también se han  ampliado los márgenes posibles para la concepción; hoy tratamientos de fertilización asistida permiten no sólo tener hijos a quienes no podrían tenerlos por limitaciones físicas, sino también pueden lograrse embarazos  en edades avanzadas.  

Un adolescente es buscador, cuestionador, quiere ir más allá de los límites, y se encuentra muchas veces sin un continente para sus cuestionamientos, algunos siguen indagando; en otros la angustia se convierte en una agresión que los desborda, agrediéndose a ellos mismos y a su entorno; muchas otras se aletargan.

Ante todos los cambios, que se nos hacen cada vez más evidentes, tenemos hoy la tarea de explorar nuevos territorios mentales, instaurar pensabilidad, en una serie de transformaciones que nos inundan, y no hemos generado un continente para poder procesar  la vertiginosidad  de los hechos con que nos encontramos en nuestra clínica.

            A nivel social las mujeres hemos querido avanzar en terrenos ocupados en otros tiempos  sólo por hombres, como muestra de nuestra capacidad, intentando borrar las diferencias, pero hoy este borramiento se encuentra en algo tan concreto como las diferencias anatómicas. ¿Qué es lo que se busca cuando lo que intentamos borrar es la diferencia sexual? ¿Cuál sería el límite entre una curiosidad que lleva al desarrollo y cuándo nos mueve la arrogancia y se convierte  en un querer ir más allá que provoca daño y ceguera mental?

            ¿El borramiento de las diferencias sexuales, no es a veces expresión de una confusión, frente a la imposibilidad de integrar a nivel mental la bisexualidad?

¿No se convierte en arrogancia, cuando se la lleva a límites, donde es una ambición de expansión pero sin significado a nivel mental, movidos por la omnipotencia y la imposibilidad de elaborar duelos?

 La sexualidad humana siempre es traumática porque implica un reconocimiento de otro. Nos ubica ante la conflictiva de resolver el narcisismo y tolerar la incompletud. ¿Serán estos los enigmas difíciles de resolver en nuestro tiempo?

Observamos cada vez con mayor frecuencia en la clínica el anhelo de ir más allá de las diferencias sexuales y de género; esto desafía en cierto sentido nuestras teorías. Ya no podemos sentirnos del todo cómodos o seguros  con nuestros pensamientos, y me pregunto si debemos dejar la comodidad de las teorías como las hemos pensado, o si  siguen siéndonos útiles, pero debemos articularlas de manera diferente.  ¿Y a veces no nos resistimos a pensar lo nuevo por temor al destierro de nuestra área de comodidad?

¿No es que nuestras teorías nos dicen que es a partir de las diferencias que podemos enriquecernos? ¿Pero hasta donde podemos expandir el continente sin que se desgarre? Corremos un riesgo  al tolerar todo. ¿Borraríamos las diferencias de edad y entonces toleraríamos la pedofilia? ¿Hasta dónde nos permitimos avanzar?

El prefijo trans, que significa un atravesamiento de barreras, que tanto nos preocupa hoy, ¿no nos pone también a los analistas en una postura donde debemos trans-formar nuestra escucha y modificar nuestros pensamientos, cosa que nos resulta tan dolorosa como las transformaciones corporales de aquellos que quieren cambiar su fisonomía? ¿Son nuestras teorías obsoletas o son una buena brújula que nos orienta y aún hoy nos ayudan a comprender la clínica si las usamos como herramientas de observación más que como dogmas?

¿Si recurrimos a conceptos como el duelo por la bisexualidad infantil, la fantasía inconsciente, perversión no nos sentimos inseguros y temerosos de ser desterrados por los paradigmas de este nuevo mundo?

            ¿A qué se debe la gran cantidad de pacientes que hoy vienen con cuestionamientos sobre su identidad sexual? ¿Es la forma en que se manifiestan hoy los conflictos que antes venían con otros ropajes? Por lo menos en mi experiencia las anorexias que veía unos años atrás, hoy no aparecen. Pacientes que tenían sintomatología muy ruidosa para nuestros oídos, pero que no eran escuchados por sus padres, hoy logran movilizarlos, cuando le plantean que quieren modificar su identidad sexual o elegir parejas del mismo sexo. Padres que dicen ser abiertos, pero hijos que diferencian lo auténtico de lo trasvertido en la mente de sus padres.

Reconocer la diversidad es una cuestión ética, implica traspasar el narcisismo. ¿Nuestro desafío es lograr traspasar la lógica binaria femenino/masculino; fálico/castrado; o es una forma de desplazar un pensamiento humano, que escapa por cualquier escondrijo de los dolores de otros conflictos como Totalidad/ Incompletud; Narcisismo/Socialismo? ¿Podemos traspasar las tendencias narcisistas y no caer en fanatismos?

Tal vez el primer límite al narcisismo es tolerar lo posible/imposible. La tecnología ayuda a ampliar el campo de lo posible.  ¿Es eso  suficiente para que sea posible pensarlo? Pienso que los hechos van muy por delante de la pensabilidad de los mismos, y es un desafío sostener el pensamiento científico.

La distinción que hace Meltzer entre  aspectos polimorfos y perversos, a mi entender es una excelente herramienta de observación. La especificidad de la perversión está en convertir lo bueno en malo, aunque conservando la apariencia de bueno. La perversidad está dada por el contenido agresivo y destructivo. Nos orienta en la clínica observar  la motivación inconsciente como núcleo, la primacía de la realidad psíquica, para definir o no la patología.  Las tendencias polimorfas incluyen la actitud competitiva, los celos edípicos, la confusión de las zonas erógenas, la tendencia masturbatoria y tienen como motivación subyacente evitar la exclusión, superando la tensión que desencadenan los deseos insatisfechos. En cambio en las tendencias perversas encontramos como características esenciales los sentimientos envidiosos, los celos posesivos y delirantes, el sadomasoquismo, el ataque destructivo contra la pareja parental y sus frutos y el triunfo maníaco sobre las angustias persecutorias y sobre todo depresivas.(Meltzer, 1973)

Fueron estos  grandes aportes que permitieron distinguir que la homosexualidad no es sinónimo de perversión; diferenciar el impulso voyeurístico de la pornografía, de la importancia de lo visual como núcleo de la fantasía inconsciente; reconocer la importancia de la realidad psíquica subyacente a la experiencia del embarazo; la necesidad de un predominio de identificaciones introyectivas para una buena experiencia de maternidad.

            Quisiera a partir de 3 viñetas clínicas poder acercarme a estos conflictos planteados….

¿Soy lesbiana? Una pregunta normal para un adolescente, pero que el contexto hoy los empuja a probar. ¿No son éstas actuaciones que llevan a la personalidad a límites que le generan daño? Hoy el argumento es que si no prueban no saben a ciencia cierta su verdadera inclinación sexual, ¿Sería una avance arrogante?

Sabemos que el desarrollo de una persona  depende mucho de la actitud hacia el dolor mental y que las partes “buenas” de la estructura infantil, que en esta etapa se vuelven muy vulnerables, se apoya en la confianza en los buenos objetos para su integración.

            Como vemos el logro de la identidad y de la identidad sexual, como parte de la misma,  es un camino largo y sinuoso, con varias encrucijadas, en las que se ponen a prueba los objetos internos y en gran parte, los aspectos del self que toman el comando, dependen de la capacidad de tolerancia al dolor.

BIBLIOGRAFÍA:

Bion, Wilfred (1963): Elemento de Psicoanálisis, Ed. Lumen-Hormé.

Glocer Fiorini, Leticia (2010): Sexualidades nómades y transgénero: un desafío a la polaridad masculino/femenino, Revista Lugar, Ed. APA.

Goldschmidt, Judith (2010): La sexualidad: distintas miradas psicoanalíticas, Revista Lugar, Ed. APA.

Meltzer, Donald (1973): Estados sexuales de la mente, Ed. Spatia.

Meltzer,D. Harris, M (1998) Adolescentes, Ed. Spatia.

Sofía buscaba un continente para sus dolores, comenzó buscando respuestas médicas, hasta que un día dijo: Creía que la medicina iba a darme respuestas más certeras, hoy creo más en que las voy a ir encontrando acá, recostada en el diván.

Sofía, es una paciente de 19 años, inteligente, estudiante universitaria. Una característica de su personalidad es que prioriza la acción al pensamiento. Después cae en cuenta de sus acciones y queda sometida a sentimientos de culpa. Ella pone en escena sus imaginerías internas, sus celos edípicos, no puede pensarlos sin la concretud de los hechos.

Después de unas vacaciones de verano viene con la decisión ya tomada de operarse para colocarse prótesis mamarias ya que es muy chata y dice las mujeres de su familia se han operado. Luego de la operación se deprime, le cuesta aceptar su nueva imagen corporal  y aparece en su mente la pregunta si no será lesbiana.

El dolor postoperatorio  es demasiado intenso, aparece después de un par de meses dolor en un ovario. Comenzamos entonces a ver cuáles serían sus dolores en relación a la femineidad. Aparecen una serie de temores en relación a si logrará desarrollarse como su mamá, a quién ella ve como una mujer fuerte, que ha superado varias situaciones difíciles, que se ha desarrollado profesionalmente y que ha criado a sus hijos. También temores en relación a los hombres, a que escondan aspectos desconocidos peligrosos.

Sofía quería adquirir la femineidad en un acto quirúrgico, sin tolerar los dolores y angustias del crecimiento.  Quería desarrollar sus condiciones femeninas desde sus aspectos infantiles, llenando sus pechos chatos pensaba que sería suficiente para desarrollar los aspectos más adultos de su personalidad.

Camila, una jovencita de 17 años, muy linda y muy buscada por los varones. Hija menor de un segundo matrimonio de su padre. Tiene dos medio-hermanos del primer matrimonio de su padres y un hermano varón. Siempre se ha sentido excluida por ser la menor, y muy molesta porque la traten siempre como la tiernita. Sus padres separados desde hace 10 años han sostenido siempre una relación muy conflictiva y ella al ser la única menor de edad suele quedar entrampada en las discusiones. Sus objetos internos y externos son mucho más vulnerables, no le sirven de sostén. Dejan lagunas en su presencia. Por momentos intentan controlarla demasiado y de repente la dejan en situaciones de abandono emocional. A veces para defenderse de la angustia, quisiera ser la “bella durmiente”,  y despertar cuando todos los conflictos ya estén resueltos. Otras veces busca vengarse de sus padres y hermanos preocupándoles de diversas maneras.

 Una noche va al boliche y se siente atraída por la D.J, que es 12 años más grande que ella,  lesbiana, y se encuentra en lo alto, en una cabina de vidrio, la encara, de repente pasa a ser el amor de su vida. Aparece un aspecto desafiante de su personalidad que busca ir más allá de los límites en que se movía. Una paciente que se sentía un angelito bueno e indefenso comienza a moverse en un ambiente más turbio, comienza a hacer ostentación de su comportamiento sexual, el cuál llega rápidamente a sus padres, quienes se desesperan, se sienten atacados y culpables. Ella siente un triunfo maníaco sobre ellos. Como Edipo de Colona utiliza la omnipotencia y las defensas maníacas para derrotar su desvalimiento interno. Logra además que toda su familia se preocupe por ella y actúen para protegerla, pasa a ser el centro de la escena familiar.

Inés tiene  28 años, es  gemela, muy inteligente y culta, le encanta leer. Es profesional pero no está satisfecha con su trabajo actual. Se presenta como desganada, aburrida, nada le interesa, sólo dormir o fumar marihuana.

Se enamoró por primera vez  a los 15 años pero fue  su hermana quien se puso de novia con el chico que ella quería. La relación con su gemela siempre le  ha resultado difícil, evita la competencia intentando buscar cosas diferentes y abandonando a veces sus verdaderos intereses.  Desde chiquita pensaba que siendo varoncito el camino le resultaría más fácil, tendría un lugar especial.

Comienza a estudiar un instrumento musical y se siente realmente apasionada, pone mucha energía en ello, pero por circunstancias externas tiene que distanciarse de su profesor a quién realmente admiraba por sus cualidades musicales y el compromiso que tenía con su tarea. Comienza una búsqueda complicada. No encuentra ningún otro que sea lo suficientemente bueno y cuide la tarea como su primer profesor. Así comienza a distanciarse de lo que ella siente que quiere pero le resulta inaccesible o poco disponible.

Se ha enamorado varias veces, se ha sentido apasionada cuando siente cierta reciprocidad en la relación, pero cuando esos vínculos la frustran o se hacen inviables comienza una búsqueda sinuosa en la que suele quedar a veces perdida.

A partir de esa primera frustración amorosa ha tenido parejas hetero y homosexuales. Cuando se siente angustiada extraña a Paula, una ex pareja, 14 años mayor que ella y muy decidida, aspecto que ella quisiera tener para sí, ya que se siente muy desvalida.

¿Las parejas homosexuales, las busca para negar la exclusión? ¿Intenta volver a  esa unión vivida en la gemelitud? ¿Busca una madre para ella sola? ¿Es una vuelta al objeto materno por la frustración del padre y sus derivados?

 Inés es una paciente emocionalmente inestable que bajo una coraza depresiva esconde una gran rebeldía y enojo. Está entrampada en un vaivén buscando un lugar donde sentirse la elegida.

Si bien es la mayor de edad de las 3 pacientes, sus objetos internos todavía no logran consolidarse. Permanece en un estado mental puberal, con serias confusiones. Está desilusionada del mundo adulto y al atacar a sus objetos externos deja desvalidos a sus aspectos internos infantiles.