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DUELOS Y TRANSFORMACIONES

Autoras: Lic. Cecilia de Rosas – Lic. Isabel Valla de Domenech

Lic. Cecilia de Rosas   Lic. Isabel Valla de Domenech

 

Comenzaremos con un cuento de Borges denominado “El Espejo y la máscara”, que al modo de un sueño, nos presta imágenes e ideas para pensar nuestro tema: los duelos y sus transformaciones.

El relato del cuento:

Un rey le solicitó a un poeta que expresara a través de las palabras las proezas que caracterizaban a su reinado. De lograrse la empresa encomendada, el beneficio sería para los dos y ambos podrían ser famosos y convertirse en inmortales.

El poeta aceptó respaldando su afirmación con un largo  recuento de todos los conocimientos de su profesión atesorados en la memoria. Cumplido el tiempo otorgado, al cabo de un año, presentó su amplia y extensa producción. Esta fue seguida con la aprobación del rey, gesto que fue imitado aún por aquellos que no entendían lo que escuchaban. El rey aceptando la labor del poeta le dice: “…No hay en toda la loa una sola imagen que no hayan usado los clásicos…Todo está bien y sin embargo nada ha pasado. En los pulsos no corre más a prisa la sangre…”  A la espera de otra loa le da como obsequio al poeta un espejo de plata Luego de ese plazo volvió el poeta y expuso su producción. Esta era más reducida en volumen. No la dijo de memoria, necesitó leerla, omitió pasajes como si no los entendiera o no los quisiera profanar. Su escritura era extraña, un sustantivo singular podía seguir a un verbo plural, las proporciones eran ajenas a las comunes, la aspereza alternaba con la dulzura, las metáforas eran arbitrarias.

El rey le manifiesta al poeta acerca de su nueva obra  que “no era una descripción de la batalla, era la batalla misma”, que era maravillosa, digna de los más entendidos y que aniquilaba a la obra anterior, sin embargo ambicionaba del poeta una obra más elevada. A la par que le  dice esto, le ofrece una máscara de oro.

Al año siguiente, cuando vuelve el poeta parecía otro, sus rasgos se habían transformado. Pidió hablar con el rey a solas, no se atrevía a repetir su oda, y cuando ayudado por el rey la expresa, lo hace como si fuera un secreto, no podía enunciarla en voz alta. Esta vez era solo una línea, ambos empalidecieron. El rey quedó maravillado e interrogó al poeta si era producto de alguna hechicería. Este le contesto…” me recordé  diciendo unas palabras que al principio no comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado…” El Rey le contesta: “….El de haber conocido la Belleza, que es un don vedado a los hombres. Ahora nos toca expiarlo…” ( pag 85-86). Le entrega allí el tercer regalo: una daga. Con ella el poeta se dio muerte a la  salida del palacio y el rey se convirtió en un mendigo recorriendo aquellas tierras que habían sido su reino sin haber repetido nunca el poema.

 

 

Algunas reflexiones:

Este relato puede ayudarnos a pensar lo que ocurre en el seno de un vínculo, cuando se quiere expresar, a través de un relato, la realidad de todo aquello vivido. La escena, en el caso del cuento, transcurre entre el rey y el poeta. Pero también puede ser como aquello que se da en un diálogo analítico,  o bien en un diálogo interno entre distintos personajes que habitan nuestra mente.

En el cuento, en un comienzo, predomina un relato extenso que, al modo de un espejo, da cuenta de la realidad tal cual es presentada. Aquello percibido sensorialmente se transmite con lujo de detalles. Las palabras y el conocimiento intentan reflejar de una manera totalizante la superficie a la que aluden, quizás tratando de obtener  fama y  reconocimiento. Es un relato literal que excluye la fantasía, la imaginación, el sentir. La corte con sus gestos, que imitan la comprensión del rey, también muestra este movimiento en espejo. Es una reproducción fiel de las palabras y manifestaciones de otro a quien se le atribuye superioridad, pero de una manera superficial, como la imagen de un espejo, sin contenidos propios internos que la respalden.

Luego, en la segunda oda del poeta no se describen las batallas, sino que “aparecen las batallas mismas”. Quizás por eso  es a través de la máscara  que, como en el teatro, se dramatiza el sentir y la representación de lo sentido por distintos personajes. En esta oda, a medida que se profundiza, el relato pierde claridad, hasta que por fin cuando se refiere a aquellas vivencias más íntimas se da la ruptura del código. Ya no hay más palabras y el poeta desaparece, no hay nada  más que pueda decir.

Vemos que cada oda es reconocida por el rey a través de un regalo. Son tres obsequios: el espejo, la máscara y la daga. Cada uno de ellos representa y sintetiza de alguna manera la tarea realizada. Funciona como un modelo, nomina y brinda un ideograma, actúa como un continente que incluye los contenidos diversos desplegados por  el poeta en sus construcciones.

De un relato generalmente fluido en un comienzo, que da cuenta de aquello percibido sensorialmente (el espejo), aparece luego la máscara que  ayuda a escenificar la turbulencia emocional que se juega en el mismo encuentro. De un modo semejante, en un análisis, a través de la trasferencia, es posible volcar el sentir en el vínculo analítico, que se convierte en el escenario en donde se despliega la intimidad del propio sentir. En la transferencia se reeditan los vínculos primarios que pertenecen a otro tiempo, como una forma de evitar el duelo y negar el examen de realidad. El analista se convierte en  un espejo que refleja ese tiempo. Las vivencias pasadas mantienen su efecto solamente por el carácter ilusorio. Luego, con el transcurso del análisis, lo desplegado en la transferencia es ubicado en su situación original, y se desenmascara el carácter virtual de la misma, el analista es reconocido como tal, desligado de la relación transferida.  Se establece una conexión con la persona real del analista, se da una reubicación espacio temporal. Es a partir de ahí que se establece el duelo, cuando el analista le devuelve al paciente, al decir del cuento, la máscara, que le permite desplegar aquellos momentos vividos con un objeto, pero éste ya no existe como tal y tampoco puede ser sustituido. Aquí comienza el duelo por el objeto primitivo,  el objeto actual ya no sirve como su representación. Estos pasos son esenciales para  reconocer la pérdida y tomar contacto con la persona real detrás de la máscara que lo representa.

La daga podría  simbolizar haber llegado  a este punto en donde es necesario conocer que la figura transferencial es un espejismo destinado a desaparecer. Ocurre un cambio catastrófico, lo anterior debe desarticularse y caer para dar cabida a algo nuevo.

Esta obra, nos muestra que el lenguaje es insuficiente cuando nos confrontamos con emociones y sensaciones. Algunas de ellas, son tan primitivas que   aún no tienen palabras, serían las protoemociones y los protopensamientos, que pueden llegar a convertirse en emociones y pensamientos a partir de la función revèrie. A medida que se profundiza en los laberintos de la mente, la dificultad de mantener la coherencia del lenguaje aumenta. Aparece un límite en el lenguaje verbal, su verbalización va acompañada con expresiones corporales y gestos que dan cuenta de la conmoción, como indicando la posible presencia de pensamientos que llaman en busca de un pensador.

El poder hacer el pasaje de una oda a la otra implica tolerar un margen de desconocimiento. Esto nos ayuda a darnos cuenta que lo que comprendemos en un momento incluye aquello que aún no puede ser comprendido. Así como cada oda requiere un tiempo para ser escrita, habla de un tiempo de latencia, un tiempo de pasaje entre una y otra. Tiempo necesario para la elaboración.

El encuentro con lo conocido y desconocido que se dan en forma conjunta, es el motor del análisis. Requiere de la capacidad negativa del analista, es decir de su tolerancia para permanecer en la duda y en la incertidumbre, sin cerrar rápidamente con una aseveración o una respuesta, dando lugar a que el paciente pueda abrirse para investigar en su mundo interno y así nutrirse con la verdad y el conocimiento de sí mismo y que al modo del poeta  pueda renovarse con nuevos poemas. Movimiento que implica una pérdida de la omnipotencia, y la omnisciencia. Como nos dice A. Ferro, citando a Bion:”el analista debe resistir cada tentativa de aferrarse a lo que sabe, con el fin de realizar un estado mental análogo al de la posición esquizoparanoide”, haciendo referencia a la necesidad de ser capaz de tolerar la dispersión y las emociones concomitantes a la misma.

Desplegado en un relato como en el cuento, parece que esto transcurriera en un desarrollo lineal, a lo largo del tiempo; sin embargo es un inter juego dinámico, coexistiendo en realidad los tres niveles simbolizados por las odas, dando cuenta de  modos de funcionamientos mental, pudiendo prevalecer algunos de ellos en la superficie.

Creemos que este proceso también puede ser extensivo al  aprendizaje para devenir analistas en un contexto institucional. Abarca todo un proceso de maduración, que va desde un comienzo en el que es necesario el estudio en profundidad de las teorías, al modelo de la primera oda. Implica un trabajo profundo y meticuloso de acercamiento e incorporación de  aquello descubierto por los grandes maestros, pero requiere  a posteriori una transformación de las mismas bajo una lectura propia, un modo particular,  el mejor posible para cada uno.

Cada etapa implica duelos, que en sus movimientos de cierre y de apertura, nos permite  reconocernos como mendigos en la búsqueda de la posibilidad de pensar. Pero además es importante comprender que si bien es necesario conocer las teorías y las palabras ya dichas, ellas por sí mismas no bastan,  carecen de valor si no se pueden integrar a la propia experiencia. Es el contacto con la propia verdad la que nos posibilita tanto permanecer en el grupo y al mismo tiempo tener una mente separada.

En muchos momentos, es inevitable que la búsqueda transite por las penumbras, por aquello que no queda claro, por el camino de la incertidumbre. Sin embargo es la pérdida de  lo ya conocido la que puede abrir el espacio para nuevas preguntas, nuevas dudas, y reconocer “emotivamente” la inmensidad de lo que aún no sabemos…” (Antonino Ferro pag 115).

Toda situación de cambio moviliza fuertes emociones, a veces de índole contraria, ya que junto al dolor por lo que se pierde se pone en evidencia la disponibilidad de cada persona para encontrarse con lo nuevo que puede surgir y su capacidad para metabolizar todas estas emociones con las que se encuentra en este torbellino de cambios. Requiere también  aceptar que hay un borde donde no se puede ir más allá, pero es esta confrontación con el  límite la que habilita para incursionar en otros ámbitos, y posibilita otras búsquedas. Visto de esta manera se presenta como paradojal, ya que es la pobreza, la renuncia a la creencia de la posesión del conocimiento, la que permite enriquecerse.

Es la capacidad de soñar, en la intimidad o junto con otros, de mantener en el área de la fantasía todas estas emociones intensas y aún por momentos contradictorias, y poder jugar con ellas, en lugar de actuarlas, la que facilita la capacidad de elaborar los cambios. Mientras más cuente un sujeto con una mente con capacidad de revèrie, es decir de contener, y digerir sentimientos que aún no hayan podido ser pensados, se encuentra en mejores condiciones para atravesar las vicisitudes de la vida.

El dolor por lo planificado que se rompe, la irrupción de eventos imprevistos suelen generar también dolor por la ruptura de los conocimientos previos, de los valores con los que solía manejarse hasta ese momento. Cada analista suele encontrarse con todos estos sentimientos no sólo por los hechos de su vida, sino en el  encuentro con hechos de la vida de cada paciente que nos enfrenta a lo desconocido, a la posibilidad de captar lo nuevo  que aparece en la sesión, a encontrar lo inédito en cada sueño.

 

Posibilidad de otro punto de partida

Según Antonino Ferro, el análisis permite explicitar los dramas en narraciones posibles y concluye cuando es posible tejer internamente este relato, con la “introyección del narrador”.

Para mantener el psicoanálisis vivo es necesario ser capaz de tolerar lo efímero de nuestras vidas dentro de las instituciones para aceptar que también fuimos parte de ellas durante un período, que hubieron varios analistas y cosmovisiones que nos antecedieron y un sin número de ideas futuras de las que no podremos ser parte, admitir ubicarnos en la posición de mendigos para que otros ocupen el lugar.

La mente es como un universo en expansión y está en su esencia la capacidad de evolucionar constantemente. Esta evolución puede ser hacia el crecimiento o hacia el deterioro. Estos conceptos nos estimulan a formas nuevas y abiertas de pensar el psicoanálisis y a colocar a nuestra mente en un estado de descubrimiento. Es esta capacidad la que de alguna manera se desarrolla en el turbulento camino de devenirse psicoanalista. Y es el análisis una de las alternativas que puede facilitar esta actividad transformadora de la mente en el seno de un vínculo, que a su vez, implica transitar por diversos duelos. Pudiendo tolerar a la vez, que hay experiencias emocionales que no podrán encontrar las palabras que puedan dar cuenta de ellas en su totalidad, como es en la jornada que nos convoca, la pérdida de un querido colega.

 

 

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PROBLEMÁTICA EN EL ANÁLISIS DE NIÑOS Y ADOLESCENTES

Problemática en el análisis de niños y adolescentes.
A partir de una larga trayectoria nuestra en el análisis de niños y adolescentes, nos surgió como interrogante una problemática a resolver en esta especialidad, la que queremos compartir con nuestros colegas y discutir sobre ella. Se trata de . ¿Porqué hay tan pocos psicoanalistas de niños y adolescentes?. A pesar que dos psicoanalistas argentinas, Arminda Aberasturi y Betty Garma, dieron algunas respuestas a esta pregunta, hace bastante tiempo, nos llama la atención que, a pesar de los desarrollos en la teoría y en la técnica, en los psicoanalistas no se haya revertido esta dificultad vocacional, mas aún parece haberse incrementado.
El descubrimiento del Psicoanálisis por Freud, marcó un cambio en la cultura, el paciente pasó a ser un ser Humano, con un origen, había nacido Niño y la investigación de la infancia podía dar cuenta de la psicopatología.
Freud observó y extrajo conclusiones de varios niños y adolescentes y dejó campo abierto para que lo investigaran. Así surgen dos grandes pioneras: Melanie Klein y Ana Freud quienes hicieron importantes aportes que nos llevan a comprender mejor a la psiquis.
Son muchos los psicoanalistas que las siguen con significativos desarrollos, tema para otro trabajo. Connotamos que los descubrimientos sobre la psiquis del niño, realizados por Melanie Klein, fueron revolucionarios en la comprensión delmundo interno y del funcionamiento mental, conocimientos que a su vez abrieron investigaciones en patologías de adultos, que hasta ese momento parecían no abordables.

Si estos conocimientos aportaron tantos beneficios que se aplican en la prevención en niños, luego aplicados en adolescentes, ¿Porqué no se desarrolló el psicoanálisis en niños y adolescentes del mismo modo que en el adulto?
Para ampliar los datos de nuestra propia experiencia, se nos ocurrió solicitar la opinión de colegas de la S.P.M., a través de las siguientes preguntas:
1- ¿Qué piensa ud. del psicoanálisis de niños y adolescentes?
2- ¿Cuál es la causa que incide para que haya pocos analistas en esta especialidad?
3- Ud., ¿Tiene experiencia con estos pacientes? Ya sea Sí o No, ¿Puede dar alguna razón?
De las conclusiones de las mismas y de la lectura de algunos trabajos psicoanalíticos, que toman esta temática, observamos algunas coincidencias:
– Que el psicoanalista recién iniciado, muchas veces trabaja con esta población etaria y después de algunos años abandona esta tarea y continúa solo con adultos. (No se observa la situación inversa).
– Entre las causas que aducen: dificultad para formarse en esta especialidad y como consecuencia inseguridad para ejercerla, cansancio, dificultades con los padres de los pacientes.
– Escasa valorización de la especialidad de los psicoanalistas en general.
El propósito de este trabajo es traspasar las motivaciones concientes y preguntarnos acerca de las probables causas inconcientes que motivan el desinterés por esta área.
Si partimos de la idea de que el psicoanalista de niños y adolescentes debe poseer vocación para ejercerla, pensamos que ésta estaría estrechamente relacionada con el grado de madurez emocional alcanzada por el mismo, o sea que internamente sus objetos internos estuviesen suficientemente reparados y funcionara fundamentalmente en identificación introyectiva con la pareja combinada en coito creativo. (Meltzer). Esta reparación y estos mecanismos, solo empiezan a funcionar si evoluciona la situación edípica.
Por tanto, el estado mental óptimo con el que se puede enfrentar la tarea analítica con niños y adolescentes es el de la adultez, entendiendo por ello, a la cualidad emocional de responsabilidad por la crianza, en función “reverie”, recibiendo las identificaciones proyectivas para devolverlas metabolizadas.
Es por esto que nos preguntamos, si estos pacientes movilizan la necesidad de contener y responder de esta manera, para lo cual el analista no está lo suficientemente desarrollado. Situación que puede dar lugar a la negación: “a mí no me gusta”, a la huída: “no tengo tiempo”, al cansancio, a la disociación: “no se, porque nunca me he dedicado”.
En muchos casos el analista elige trabajar con estos pacientes, con la motivación inconciente de reparar sus propios objetos internos, sentidos como dañados ya que no han sido lo suficientemente reparados en sus propios análisis personales. Este estado mental del analista puede que impida el desarrollo del proceso terapéutico y éste se convierta en un seudo-análisis. Es posible, que a través de su contratransferencia, coloque en el paciente los aspectos infantiles inmaduros de su propio self, estando, entonces, proclive a la contraidentificación proyectiva.
A estos conceptos, añadamos situaciones complejas a las que no enfrentamos diariamente en esta tarea. Nos referimos, por ejemplo, a la transferencia infantil y a la contratransferncia del analista. La primera porque está condicionada por la dependencia a los padres y la segunda porque tiene que contener, no solo este tipo de transferencia condicionada, sino también la de los padres hacia él y hacia el hijo, que ahora ha establecido una relación intensa con el analista. Cuando éste no logra manejar este entrecruzamiento, se frustra la posibilidad del análisis. Por ejemplo: los celos, los sentimientos de exclusión que experimentan los padres, la no tolerancia de transferencia negativa de parte de ellos, puede determinar la interrupción del tratamiento.
Creemos que estas interrupciones mellan al psicoanalista, le movilizan experiencias emocionales de impotencia al no poder continuar algo que hipotéticamente podría haber sido posible.. Es una gran frustración desandar la emocionalidad de la contratransferencia, cuando él se dispuso a trabajar con el paciente niño o adolescente , estableció un vínculo que se interrumpe por causas ajenas a la relación analítica.
Es cierto que no se ha investigado adecuadamente la forma de intervenir con los padres en esta transferencia y contratransferencia, entre ellos y el analista del hijo. Los padres muchoas veces realizan preguntas directas cuya motivación cabalga sobre la intrusividad y su respuesta no los satisfacerá, lo que incentiva la idea de que el analista le roba la intimidad del hijo.
Entre los padres y el niño se entabla una situación edípica que compromete sentimientos tales como: exclusión, celos, envidia, competencia, rivalidad, porque el hijo mejora, o porque sienten que ellos fracasaron y el analista lo comprendió, etc.
Todos estos sentimientos y muchos más se movilizaránen esta especialidad. ¿Cómo contener la admiración e idealización del analista por parte del paciente y de los padres mismos?. Se conoce el desenlace de esos períodos, a los cuales suelen seguir otros de transferencia negativa. ¿Cómo contener a una madre competitiva que quiere información por teléfono?.
Es necesario por parte del analista una especial habilidad, captación y conocimiento teórico sobre el funcionamiento grupal, familiar y de pareja para que acceda a tolerar estas situaciones. Pero por sobre todo es necesario que posea una resolución edípica suficiente, que le permita afrontar que los padres lo sientan como un extraño, que se ha introducido en el grupo familiar, a través del paciente. Que pueda comprender el dolor del narcisismo herido de los padres, quienes sienten que al consultar ponen en evidencia el fracaso de la crianza.
También hemos observado que cuando el paciente mejora, a veces se desestabiliza el grupo familiar, sobre todo en los casos en que el paciente oficiaba de depositario de las identificaciones proyectivas de los integrantes del mismo. Otra causa posible de interrupción.
Podríamos preguntarnos si la frustración que produce la interrupción de un trabajo que evoluciona favorablemente lesiona la continencia del especialista.
En el libro: “Clínica Psicoanalítica con niños y adultos”, Meltzer dice, en una supervisión, de un niño llamado Victor, refiriéndose a la terapeuta:”Es una sesión realmente muy bonita. Es una verdadera descripción de la ética con la que los adultos tratan a los niños…”
¿Qué tiene de bello lo ético?. En el caso de la supervisión descripta, sería la belleza de cómo el paciente refiere sus sentimientos acerca de lo que él cree de los adultos, que es que solo les interesa hacer bebés y después cuando los bebés crecen los dejan caer. Pero entendemos, que también se refiere a la belleza de la comprensión, que es un estado al que pudo llegar la terapeuta, gracias a su funcionamiento”reverie”, lo pudo observar, retenerlo, elaborarlo y comunicarlo.
¿Será este requisito el que agota no solo a los analistas de niños, sino a las madres, a las maestras, etc. etc.?.
Pareciera que esta necesidad del niño y adolescente, sumado a las características de su transferencia, en cuanto a inmediatez, impulsividad, etc, impacta muy profundamente al analista que no está suficientemente provisto.
Es que se movilizan ansiedades muy primitivas relacionadas con las bases introyectivas perverso-polimorfas de la adultez de cada uno de los analistas. Por ejemplo la envidia, la voracidad, el sadismo no resuelto. Algunos analistas, salvan situaciones transferenciales-contratransferenciales, por un tiempo, adoptando maníacamente, actitudes “cancheras”con el adolescente con el propósito de aparecer no restrictivo como los padres, actuando así, la rivalidad edípica con sus padres internos. El polimorfismo de estos pacientes, muchas veces es difícil de contener, por ejemplo: el egocentrismo, el narcisismo, los conflictos intrapsíquicos mas directos, no están tan mediatizados por mecanismos defensivos como lo hace el adulto.
Podríamos seguir enumerando dificultades para trabajar en esta especialidad, pero de este trabajo, queremos rescatar que se trata de una tarea que implica la prevención de la cristalización de psicopatologías, que en la adultez son mas difíciles de tratar. Además y fundamentalmente que alivia el dolor mental de numerosos niños que sufren. Y que mejorando estas ansiedades el grupo familiar logra un tipo de vida más saludable.
Como conclusión, hemos desarrollado algunas ideas con respecto a las dificultades, que creemos pueden presentarse en el analista que se dedica a esta tarea. Muchas de ellas se transforman en evitación, sin darnos cuenta que soslayando la comprensión de esta problemática estamos perdiendo la posibilidad de ayudar a estos pacientes y a la vez nos perdemos de captar que son una fuente de enseñanza de mecanismos psíquicos que al conocerlos, nos da como resultado una mejor intervención con el paciente adulto.
Como dijimos al comienzo dejamos abierta la discusión a las ideas que deseen aportar al respecto y sobre todo a ola recuperación y desarrollo de esta especialidad.

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DEPRESIÓN EN EL PACIENTE CON ENFERMEDAD PSICOSOMÁTICA

En primer término trataremos de definir al paciente con enfermedades psicosomáticas diferenciándolas de las demás patologías en las que está comprometido el cuerpo. Describiremos el concepto de dolor mental y pondremos la atención en el tipo de depresión que manifiestan estos pacientes. Mencionaremos material teórico desde diferentes autores y algunas viñetas clínicas.

Desde hace mucho tiempo, se ha intentado diferenciar las patologías mentales con manifestaciones somáticas. Se describían según las líneas teóricas e investigativas con las que se trabajaba: hipocondrías, lenguaje de órgano, somatización, conversión etc., etc. no pudiendo delimitarse su etiología muy claramente.

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NORMALIDAD VS. PATOLOGÍA EN LA NIÑEZ.

Lic. Graciela Cañete

Para poder explicarnos porqué un niño se va desarrollando armoniosamente, y otro padece tantas dificultades que pueden desembocar en patologías, a veces muy graves y de difícil acceso terapéutico, debemos remitirnos a los primeros momentos después del nacimiento. En la actualidad, con los últimos trabajos de psicoanalistas dedicados al tema, podemos retrotraernos a las vicisitudes del psiquismo fetal y al equipamiento innato con que el bebé puede enfrentar el llamado “trauma de nacimiento” y su inclusión en el mundo real
Nos detendremos en el tema de la Psicosis Infantil y se presentará una viñeta cínica.
En general, todos los autores a partir de Freud (Melanie Klein, Mrs.Bick, Bion, Bowlvy, Anzieu, Winnicott, entre otros), están de acuerdo en que el psiquismo temprano se pone en movimiento gracias al vínculo, estrecho y nutritivo emocionalmente hablando, entre el bebé y la mamá. En este sentido haremos un breve pasaje por estos autores.

Sigmund Freud, a fines del Siglo XIX, ya hablaba de la necesidad del recién nacido de una persona “especializada” (se refería a la madre o sustituto) que pudiera brindarle los cuidados apropiados para su desarrollo mental. Describió el pensamiento como un rodeo que hacía la mente para tolerar la espera de la satisfacción en tiempos y formas adecuadas.
Melanie Klein describió los procesos de proyección e introyección como base de la estructuración mental, los que se harían posible a través y por la presencia del objeto (madre) desde el principio de la vida. Más adelante explicó más claramente este interjuego con el concepto de Identificación Proyectiva en el que de hecho, la madre o “el pecho de la madre”, eran los primeros depositarios.
Esther Bick, observó que el bebé nacía en un estado de no-integración, haciendo la analogía de “un gel que podía desparramarse en un espacio sin fin”. El cuerpo de la madre “el pezón en la boca” (como modelo), su sostén, su voz, su mirada, harían de primer continente al que llamó “piel psíquica”. Si esto no ocurre, se desarrolla la patología.
John Bowlvy conceptualiza esta relación como de “apego” y da cinco condiciones para que el apego sea positivo y pueda ser vivido como una experiencia de intercambio de ternura. Se trata de:
– el intercambio de sonrisas
– la solidez del porte
– el calor del abrazo
– la dulzura del tacto
– la interacción de los signos sensoriales y motores del amamantamiento
Hace la diferencia entre “dependencia fisiológica” que asegura la supervivencia y el “apego” que tiene un carácter emocional, y cuyas interrupciones y conflictos pueden dar lugar a disturbios psicológicos, psicosomáticos y psicosociales.
Donald Winnicott postula que el nacimiento es un puente entre la vida prenatal y postnatal, que favorece la ilusión de lo que él llama “la continuidad del ser”. Habla de la mamá “suficientemente buena”, de su capacidad de “holding” (sostén) para que esta vivencia no se rompa muy tempranamente, lo que produciría patología severa.
De los autores franceses, mencionaremos a Didier Anzieu, quien describió el concepto de “envoltura psíquica”, tomando como base lo descripto por Mrs.Bick sobre la “piel psíquica”. Llama a las primeras angustias del bebé como de “precipitación o escurrimiento” por las que las envolturas servirían de dique y diferenciación. Habla del “yo-piel” y homologa las funciones yoicas con cada envoltura corporal (limitar, contener, proteger). Su establecimiento irá configurando un individuo “separado”, autónomo y esto podrá desarrollarse sólo con una mamá con suficiente capacidad de contención.
Nos detendremos un poco más en lo transmitido por otro psicoanalista inglés, Wilfred Bion, quien ha logrado conceptualizar el funcionamiento mental prenatal, las implicancias del “trauma de nacimiento” y el desarrollo del aparato mental, dándole prevalencia a la experiencia emocional como imprescindible para que dicho desarrollo sea posible.

Bion dice que ha pesar de que el bebé nace en estado de desvalimiento, ya durante su gestación fue creciendo físicamente y estructurando lo que él llama el aparato mental primitivo o “aparato protomental”. Se hallan presentes ya dentro del útero las “preconcepciones innatas” que serán precursoras de posteriores pensamientos y de “premoniciones o preemociones” que serán promotoras de futuras emociones diferenciadas.
De las primeras podemos ejemplificar la preconcepción “pecho”, como expectativa de madre a quién la mente del bebé se dirigirá para obtener satisfacciones de sus necesidades primarias. Al mismo tiempo, un “pecho” brazos de la madre, que sostendrán y calmarán las intensas angustias que promueven en el bebé la conciencia, rudimentaria al principio de su propia indefección.
Con respecto a las “premoniciones”, tienen que ver con la posibilidad innata de sentir emociones placenteras y displacenteras con el objeto madre; como se puede observar, su función es básicamente vinculante. El bebé carece al nacer de un aparato mental capaz de discriminar la espera del “pecho” con abandono y muerte por inanición, el dolor natural por hambre, por ejemplo, de la fantasía de ser aniquilado por sus propias sensaciones corporales y angustias.
Desde muy temprano, el bebé tiene la posibilidad de percibir lo que siente y de acompañar a las sensaciones corporales con fantasías mentales, éstas, cuanto más primitivas, más terroríficas por carecer del criterio de realidad que irá adquiriendo paulatinamente.
Una buena “mamada” confirma la preconcepción “pecho” y se produce una experiencia emocional, la cual quedará grabada en su memoria disponible para ser unida a otras más. Estas buenas experiencias irán conformando el sedimento para que el aparato mental se ponga a funcionar, estableciendo una base de confianza en el amor de su medio ambiente y en su posibilidad de recibir y agradecer, a la vez que se irá atenuando el miedo a ser atacado desde afuera o desde adentro.
Tanto el trauma de nacimiento como las primeras frustraciones provocan en el bebé ansiedades de aniquilamiento. Esta ansiedad primaria tiene su fuente en el cuerpo, pero carece de significación mental hasta que se liga a un objeto “madre” que es la encargada de dársela.
El bebé necesita de ese objeto para que reciba y contenga esas tumultuosas emociones y las devuelva con sentido. Para esto, la madre le presta su capacidad de comprensión, de estar dispuesta a soportar la carga emocional, de ponerle palabras a la misma y realizar las acciones correspondientes para el alivio físico y mental de su hijo. A este trabajo Bion lo llamó “función reverie” o de ensoñación, la que le va a permitir ponerse en el lugar del niño en una comunicación que casi se convierte en una sola mente entre los dos.
Cuando ocurre una frustración por la no presencia del “pecho”, se hace posible el desarrollo de la capacidad de pensar. El autor considera la tolerancia a la frustración del bebé como algo innato y le da importancia para que pueda darse este proceso. Por lo tanto, la ausencia de la madre en tiempos y momentos adecuados es promotora de evolución mental. Lo que trae complicaciones es la presencia, a veces constante, de una madre que no contiene y devuelve sentido, sino más aún, que intoxica con una respuesta cargada de su propia conflictiva emocional.
También el bebé, con su equipaje constitucional, debe reunir ciertas condiciones para que la mamá pueda ejercer la función “reverie”. Éste, puede haber nacido con una base agresiva de tan intensidad que dificulte el vínculo. Melanie Klein hablaba acerca de la “voracidad” cuyo correlato en la fantasía sería “nada es suficiente” y de la “envidia primara” que se observa como “no soporto no tener lo que necesito, pero tampoco que el otro lo tenga y quiera dármelo, por eso lo destruyo”. Este estado de cosas obstruye la posibilidad de satisfacción emocional de la lactancia, ya que lo que predomina es la violencia.
De todos modos el bebé seguirá alimentándose por una cuestión de supervivencia produciéndose entonces, en estos casos, una disociación entre la satisfacción material y la psíquica. Esta disociación lleva a una confusión ya que en algunos niños sus aspectos necesitados y frágiles son puestos, vía mecanismo de proyección en el objeto externo (madre) y las emociones hostiles se confunden con el propio órgano o con sus funciones, produciéndose la Enfermedad psicosomática, siendo éste el camino de evacuación del intenso sadismo no atenuado ni metabolizado sobre el propio cuerpo. Por distintas variables otras modalidades de descarga se derivan a conductas de acción ( psicopatías), o al establecimiento de personalidades vacías del sentido del vivir, denominadas por diferentes autores como “seudo-madurez”, “falso self”, personalidades “como si”, para dar algunos ejemplos.
Otra forma que tiene esa frágil y rudimentaria mente del bebé cuando se presentan reiteradas fallas en estos primeros momentos del desarrollo mental es lo que haría desembocar en la Psicosis infantil. Establecida la disociación, se produce la proyección en forma de evacuación violenta sobre el objeto( madre) de los impulsos agresivos, quedando a la espera de la retaliación, que tendría, en la fantasía del bebé la misma forma, violenta y destructiva sobre él. A esto le llamamos ansiedades persecutorias y son las que predominan en esta patología. La mente del bebé también necesita proyectar sobre la madre sus impulsos libidinales, en estos primeros momentos cargados de idealización, al no producirse una adecuada reintroyección de ambos impulsos su mente queda vaciada de contenidos y confundida con la mente de la madre.
Haciendo un repaso y tomando como base las teorías Kleinianas y Bionianas acerca de las vicisitudes de las Defensas primitivas ante el incremento de emociones no metabolizadas, observamos en estos niños mecanismos como laescisión, la negación, la idealización y el uso desmedido de la Identificación Proyectiva. Esta última, entendida como la depositación de partes mentales de uno mismo en otro. En el bebé es la mamá el depositario por excelencia. Estas partes o aspectos se ponen afuera por carecer de metabolización psíquica o por ser de una intensidad insoportable. Este funcionamiento lo rodea de un halo de omnipotencia y de omnisciencia, con lo que puede controlar su angustia de “aniquilamiento.”
Estas primitivas defensas hacen que el niño viva en un estado de confusión ya que se borra la diferenciación afuera-adentro, mundo externo-mundo interno. Estamos hablando de patología por la intensidad y frecuencia en el uso de estas defensas ya que si todo fuera bien, se presentarían las mismas pero de un modo mucho más flexibles y momentáneas.
El exceso de sadismo, generalmente constitucional, cuyo correlato es la voracidad y la envidia primaria y la intolerancia a la frustración, mencionado anteriormente, atacan e impiden toda posibilidad de vínculo. Al permanecer en estado de persecución y no producirse el ida y vuelta de proyecciones e introyecciones, los procesos de simbolización se ven perturbados y por tanto el pensar como verdadero conocimiento no se desarrolla.
La relación con los objetos, como modelo “ pecho-pezón”y más adelante bebé-mamá integrada y reconocida, es prácticamente nula. Las relaciones las hacen estos niños con pedazos de mamá o de papá que tienen la cualidad de peligrosos, aún aterradores. Bion explica que los elementos no metabolizados que son evacuados sobre la madre sin “reverie”vuelven cargados de las angustias y agresiones de la misma, lo que al volver a producirse la siguiente evacuación ya es en forma de alucinaciones o delirios, se habría producido acá, a la vez, la ruptura del aparato perceptivo. Recordemos que estas “evacuaciones” o proyecciones violentas de aspectos insoportables sobre un depositario, son maneras de la mente de evitar el estallido vivido como muerte inminente.
Al no haber establecido en el mundo interno, por una falta de predominancia de experiencias satisfactorias, lo que llamamos el “objeto bueno” o sea la representación de una mamá acompañante y dadora, el mundo de estos bebés y luego niños está poblado de fantasmas y de. monstruos, por lo que están en permanente alerta y atacando primero. Por estos motivos presentan un retraimiento del mundo real, son inaccesibles, negativistas, a veces los vemos obedecer automáticamente y tienen una predilección por los objetos inanimados, (cables, herramientas, aparatos, en la actualidad se pueden quedar pegados a su PC,) etc. etc.
Dado que a pesar de que prevalezcan estos funcionamientos psicóticos, siempre se desarrollan , aún en el peor de los casos, ciertos aspectos neuróticos, o sea de conexión con la realidad, que ha de ser a los que apelamos en el análisis infantil. Estos niños al ser detectados a tiempo, y con un tratamiento analítico, tienen la chance de reeditar con el analista, el vínculo primario defectuoso y modificarlo internamente por otro sostenedor de sus intensas agresiones y dador de “interpretaciones”, palabras con sentido que lograrán disminuir el círculo vicioso paranoide.
CASO CLINICO
Se presentará una viñeta sobre un niño por quien sus padres consultaron cuando tenía 4 años, al que llamaré Mario. El motivo de consulta era “problemas de conducta en la casa y en la guardería”. Los síntomas eran muchos y de gravedad:
– Hiperkinesia.
– encopresis y enuresis primaria diurna y nocturna, (en relación a éstos los padres refieren que evacua en cualquier lado y en cualquier momento: por ejemplo mientras la madre lo baña defeca y exclama: mirá el juguetito!, hace pis sobre muebles o ropas, tirando también la ropa limpia al agua sucia).
– Rituales obsesivos,( como hacer que la maestra de la guardería saque al patio el grabador que está dentro de la salita porque entra en crisis de pánico.)
– Masturbación anal compulsiva. Se sentaba sobre su zapatilla y se frotaba. Algunas manifestaciones psicosomáticas como eczemas, hipolaringitis.
– No obedece +ordenes.
– Esporádicas alucinaciones visuales y auditivas.
Nació de parto normal, lloró los tres primeros meses durmiendo muy escasamente durante el primer año de vida. A los 6 meses gateaba y a los 8 comenzó a caminar y a los 10 meses lo hacía perfectamente. Sentía atracción por los aparatos de la casa, era muy hábil con los cables, pasaba largo tiempo haciendo conexiones.
El tratamiento duró desde sus cuatro hasta los once años, con la recomendación de volver ante alguna situación vital que pudiera rebasar la estructuración lograda. Se trataba de una pareja parental disfuncionada, que terminaron divorciándose cuando Mario tenía dos años y medio y su hermanito 8 meses. Se comenzó a trabajar con tres sesiones semanales con el niño. Además una sesión semanal, aparte con los padres. Estas se fueron espaciando a lo largo del proceso, hasta llegar a una cada seis meses los últimos tres años.
Los primeros seis meses del tratamiento, Mario no podía entrar solo al consultorio por lo tanto la madre compartió esas sesiones. Él estaba tan aterrorizado que no se desprendía de la falda de la madre sentado en una sillita a su lado. No me miraba ni intentaba abrir la caja de juego. Era mutuo el aferramiento por lo que mis interpretaciones iban dirigidas a los dos. Pasados los primeros tres meses comenzó a aflojarse, y siempre tomado de algo de la madre abrió la caja comenzando una tarea de investigación. Yo le mostraba cómo sentía tanto miedo a que si la mamá lo soltaba no lo quisiera más y lo abandonara, por lo que yo me convertía al pedirle que estuviera conmigo en el consultorio en alguien muy peligroso. Comenzó a mirarme y moverse un poco menos asustado. De todos modos creí necesario, cuando se hicieron los seis meses de pedirle al padre que lo llevara a sesión. Este entró dos o tres veces pero luego Mario accedió a dejarlo ir quedándose a solas conmigo.
Comenzó otra etapa muy difícil y tormentosa para él y para mí ya que al darse real cuenta que sus padres se alejaban hizo varias crisis, en distintas sesiones, de furia, terror y persecución. Se hacía “caca” y “pis” encima, me escupía, me tira las sillas por la cabeza, desplegando una fuerza extraordinaria para un niño de cuatro años, gritaba, no me quería escuchar, se tapaba los oídos con las manos hasta que agotado, se dormía.
Al amainar estas crisis pudo comprobar que a pesar de sus ataques y del miedo que tenía los dos seguíamos allí indemnes y yo continuaba explicándole qué era lo que le pasaba. Se fue tranquilizando y al escuchar que le decía que tenía terror a romperse en muchos pedacitos y morirse cuando le daban los ataques de furia, me miraba y entraba en estados regresivos, en los que se ponía en posición fetal en el diván, a veces se dormía, llenaba su boca de saliva, hacía como que succionaba. Mientras yo le seguía hablando él parecía descansar.
Pasaron varios meses, ya jugaba con los juguetes de la caja, hizo unos dibujos, (cuatro años, diez meses) en los que se advierte especialmente el vacío en los ojos de la madre, que representa su dificultad de contacto con ella. Luego éstos donde ya empezaba a graficar una fantasía de estar rodeado de “pinches”, en figuras con menos características humanas. Por otro lado comenzó a jugar, no con los juguetes que disponía sino con los muebles del consultorio. Eran juegos donde mostraba su omnipotencia, su omnisciencia y la reversión de la perspectiva: era yo la nena asustada, arrinconada; y él el fantástico cortador de césped; armó una máquina con mesas, sillas, caja de juego, almohadones, a veces usaba el colchón del diván y arrasaba con todo lo demás, incluso lo intentaba conmigo.
A los 5 años, lo ponen en un Jardín de escuela privada, pero pasa el año sentado en la falda de la maestra; ya ha cedido la encopresis y la enuresis y algunos rituales obsesivos, pudiendo quedarse en el colegio siempre que tuviera una maestra en quien apoyarse. En esta época, se tomó un Bender y nuevos dibujos en los que podemos observar la desestructuración mental, sus dificultades en el contacto con la realidad y en la formación de su esquema corporal.
En el consultorio, jugábamos a la guerra. El modelo que tenía era que dos personas se juntaban para agredirse, predominando la fantasía de intrusión en el otro con todo un arsenal de armas mortíferas. Más adelante las va a poder representar en los dibujos que veremos..
En la casa peleaba con su hermanito permanentemente, agregándose a esta conducta un placer masturbatorio. Era evidente que a su agresión constitucional, se le sumaba la disfuncionalidad ambiental, por lo que mantenía fantasías de atacar y ser atacado permanentemente.
A los 6 años, en su ingreso a la escolaridad primaria, estaba más conectado, necesitaba una atención especial de la maestra, pero se había vuelto seductor y brillante intelectualmente, mientras que los compañeros eran los depositarios de sus celos patológicos, por lo que la integración al grupo era imposible.
Cuando en el consultorio empezó a dibujar, sus figuras humanas eran confusas, con características bizarras. Se identificaba con un algo parecido a un robot al que yo no podía acercarme, porque rebotaban mis palabras en él. Esto muestra, a la vez, como sentía que por estar cargado de tanta agresión (representada en los pinches y las armas) no podía ser contenido por un objeto (madre y terapeuta en la transferencia) y su fantasía cargada de culpa, era que al haber nacido así había enfermado (pinchado, lastimado) a su madre en primera instancia y a todas las personas que se le acercaban.
Estos niños pueden confundir a los maestros en relación al aprendizaje, ya que éste tiene una característica muy parecida a la imitación. Ellos, tienen la fantasía de ser la maestra, la madre, la analista y contener dentro de sí todos sus conocimientos. Hipertrofian la memoria, dando la impresión de haber introyectado los conocimientos adecuadamente.
A medida que fueron desapareciendo los “pinches” (como vemos en los dibujos), comenzó otra etapa de reconocimiento, que debajo de esa capa maníaca de “todo poder”, había un bebé asustado y necesitado, y también había una Graciela- analista a quien él quería controlar, investigar, seducir, para no perder el lugar, volviendo nuevamente a dibujar y hablar de sus dibujos y de las proezas de los personajes, hasta llegar a ponerles nombres, no dibujando sólo máquinas sino también personas, ya no confundidas.
Este último dibujo, muestra lo que Meltzer ( psicoanalista inglés) describió en su “Proceso psicoanalítico” cómo la mente de Mario pudo establecer un “pecho inodoro”, esto significa un espacio dentro del interior de la mamá-analista que lo contiene, lo conduce y lo alimenta con palabras con sentido y él se deja conducir. Aparece la confianza de que las relaciones persona-persona puedan tener cualidades positivas, no de destructividad mutua como era al principio.
Desde aquí comenzó otra historia, donde la parte neurótica de la personalidad fue creciendo con la posibilidad de dominar las ansiedades terroríficas, cuando estas todavía aparecían. Este desarrollo hizo que su inclusión en el mundo externo fuera más adecuado, integrándose al grupo de compañeros primero y luego al ámbito familiar y social. Pudimos acordar el alta haciendo un seguimiento, con entrevistas con la madre hasta que terminó la secundaria, no produciéndose hasta el momento ningún retroceso.
– Resumiendo y para terminar, si el proceso de desarrollo se va dando dentro de vínculos lo suficientemente buenos, y acordes a las necesidades del niño, éste irá creciendo sabiéndose amado, con un lugar en el mundo, con un aparato mental que pueda generar pensamientos-sentimientos y acciones armoniosas. Así, la buena relación con su mundo interno y con el mundo externo, le permitirá vivir básicamente una vida satisfactoria.
Por el contrario, si las dificultades antes mencionadas, no pudieran ser corregidas o mejoradas, uno de los caminos era la salida hacia la psicosis. Esta patología la podemos encontrar en pacientes de muy corta edad, por lo que la detección precoz, vuelvo a repetir, que en principio puedan realizar los padres, el médico pediatra, las docentes, etc. y la derivación al tratamiento adecuado, harán posible, en la mayoría de los casos, que puedan revertir estos estados patológicos de
la mente y vivir una vida más adecuada al mundo reaL
Junio 2004.
BIBLIOGRAFÍA
Freud S. “”Los dos principios del suceder psíquico” (1911). Amorrortu.
Freud S. “Inhibición, Síntoma y Angustia” (1926). Amorrortu.
Klein M. “ Notas sobre algunos mecanismos esquizoides.”(1946). Paidos.Klein M. “Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del bebé.” (1952). Paidos.
Klein M. “Envidia y gratitud .“ (1976). Paidos.
Bion W. “Experiencia en grupos.”(1972). Paidos.
Bion W. “Volviendo a pensar”. (1972). Horme.
Bion W. Memorias del futuro”. (1991). Julián Yebenes.

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ADICCIONES: Desenlace de la Posmodernidad

Autoras: Lic. Graciela Cañete – Lic. Elena Toriano

Representantes de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza

ADICTO:

Ser humano sufriente
Hijo de la decepción
Producto de la equivocación y de la bobería humana
Desilusionado de las certezas
Arremetedor confundido de la vida y de la muerte
Exponente de la incontinencia y desamparo de los “adultos”

INTRODUCCION

1)- Para comenzar, nos referiremos brevemente a la adicción, como una enfermedad emergente de la cultura post-moderna.

2)- Haremos referencia a la teoría psicoanalítica de esta patología, tomando en cuenta las concepciones de psicoanalistas argentinos y de la escuela inglesa de Psicoanálisis.

3)- Seguidamente presentaremos una canción interpretada por un grupo argentino rockero, que nos pareció adecuada para transmitir nuestros pensamientos acerca de la adicción.

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PERSONALIDAD BORDERLINE

Dr. Fernando Grinberg- Sociedad Psicoanalítica de Mendoza.

La personalidad borderline o limítrofe tal vez sea el trastorno menos definido, el más oscuro, el  menos preciso de la psicopatología. Es más, hay autores que niegan su existencia, señalando que constituyen una suerte de “cajón de sastre” de aquellas patologías que no pueden ser encasilladas en ninguna clasificación. De allí que las definiciones de distintos autores varíen según la óptica con la que el cuadro ha sido estudiado, pero encontraremos en todas ellas algunos puntos de coincidencia.          Carlos Alberto Paz Carrillo, psiquiatra y psicoanalista español con amplia experiencia en el estudio y tratamiento de los casos borderline dice: “… paciente borderline, casos borderline, estructuras fronterizas o estado límite, son denominaciones y diagnósticos encontrados permanentemente por el psiquiatra o el psicoanalista, pero no hay un acuerdo o hay diversos criterios sobre la estructura patológica a la que aluden y menos a los supuestos teóricos que subyacen a estos cuadros”.            Así como la mayor parte de los términos de la psicopatología que usamos los psicoanalistas proviene de la psiquiatría clásica, en este caso, borderline, es de cuño psicoanalítico tomado posteriormente por la psiquiatría.

Definiciones de algunos autores

JOHN STEINER. Para este psiquiatra y psicoanalista de la Clínica Tavistok, de Londres, “los pacientes limítrofes o borderline son aquellos que entran dentro del área fronteriza situada entre la psicosis y la neurosis en tanto parecen conservar el contacto con la realidad y no son formalmente psicóticos pero parecen sufrir ansiedades de proporciones psicóticas y de emplear mecanismos mentales primitivos para manejarlas.”

LAPLANCHE Y PONTALÍS (1973). Dan esta definición de fronterizo: “Término empleado casi siempre para designar perturbaciones psicopatológicas que están situadas en la frontera entre neurosis y psicosis, sobre todo aquellas esquizofrenias latentes que presentan un conjunto de síntomas aparentemente neuróticos”.

MOORE Y FINE. “Un término descriptivo que designa un grupo de condiciones que manifiestan fenómenos tanto neuróticos como psicóticos sin entrar de manera inequívoca en ninguna de esas dos categorías diagnósticas”

ANDRÉ GREEN. “Ser un fronterizo da a entender que una frontera protege al self de pasar al otro lado o de ser cruzado, de ser invadido, con lo cual uno llega a ser una frontera móvil (no digo tener sino ser esa frontera). Esto, a su vez, supone una pérdida de distinción entre espacio y tiempo.”

OTTO KERNBERG.  Psiquiatra y psicoanalista austro-chileno-norteamericano. Es tal vez el principal referente actual en patología borderline. Dejaré para más adelante su definición  que es muy amplia y abarcativa. Al parecer hay un acuerdo general en cuanto a la intensidad de las reacciones contratransferenciales que generan en los psiquiatras y terapeutas que los tratan. Hacia 1956, “El hombre de los lobos”, fue considerado como un caso borderline. Lo mismo se pensó del caso Dora. Entre los más antiguos datos tendientes a aislar esta patología de otras con las que podía confundirse nos encontramos con la descripción del inglés Hughes, en 1884, que describe “el caso fronterizo de la locura comprende numerosas personas que pasan su vida entera cerca de esta línea tanto de un lado como del otro”. En una dirección parecida se expide otro autor inglés, Rosse, en 1890, quien señala que en los estados fronterizos se incluyen las obsesiones severas, compulsiones, fobias, histeria y neurastenia. La utilización formal del término arranca desde entonces aunque sin un acuerdo sobre las particularidades de las perturbaciones de esta entidad nosológica. Para mencionar algunos autores que se sucedieron en la descripción de este  cuadro cabe nombrar a algunos clásicos como Bleuler y Kretshmer y luego Minkowsky, Helen Deutch, Fenichel, Federn, Searles y otros. Fenichel, en “Teoría psicoanalítica de las neurosis” dice bajo el subtítulo “Casos marginales” (en el capítulo destinado a las esquizofrenias) “Hay personas neuróticas que sin hacer una psicosis completa tienen ciertos rasgos psicóticos, o una facilidad especial para el empleo de mecanismos esquizofrénicos cada vez que padecen una frustración”.           La primeras descripciones sistematizadas de los cuadros borderline corresponden a Stern y Robert Knight (1938), pero el interés por esta patología se incrementó a fines de la década de los ´60 con los estudios de Otto Kernberg, quien junto a James Masterson y sobre la base de una amplia experiencia en instituciones hospitalarias, propusieron que podían curarse con psicoterapia intensiva a largo plazo o internación. Hoy sabemos que estos pacientes deben ser tratados con psicoterapia dinámica (modificada por Kernberg y otros psicoanalistas) o con psicoanálisis clásico (Herbert Rosenfeld, H. Segal, Peter Giovacchini, etc.). Con frecuencia estos pacientes deben ser medicados.  Algunas veces requieren internación como en casos de gran agresividad con riesgo para terceros, intentos de suicidio, drogadicción concomitante, etc. Desde la fenomenología, con las investigaciones de Roy  Grinker y John Guiderson, pudieron precisarse características específicas de esta patología y se convirtieron en criterios diagnósticos.Actualmente se habla de influencias genéticas inespecíficas, concepto que no ayuda a la comprensión de la génesis del cuadro, en cambio se está poniendo mucho énfasis en las perturbaciones del psiquismo temprano.